upc4

Laura Castro Golarte

Ex Colegio de Santo Tomás de Aquino, hoy Biblioteca Iberoamericana, en Plaza Universidad.

En la entrega del 24 de diciembre del año pasado cerré esta columna con una cita de Luis Pérez Verdía, que no tiene desperdicio, sobre la importancia de fray Antonio Alcalde en y para la educación en lo que pronto sería Jalisco. Las consideraciones del historiador enlazaron, como es un acuerdo generalizado hoy en día, la educación con la libertad, con menciones precisas a la esclavitud que prevalecía en los tiempos del Fraile de la Calavera.
Hago hincapié en esto porque hay un dato, en general poco conocido, con la postura específica del Siervo de Dios al respecto. Es una referencia breve, pero trascendente: Alcalde rechazaba la esclavitud. Gabriel Santoscoy Faudón, autor de una biografía por entregas en El Informador en 1978 dio cuenta de eso: cuando murió el deán Baltasar Colomo, sus bienes los heredó a la Iglesia católica en Guadalajara. Entre todo, se contaban dos esclavos. En cuanto Alcalde supo de esto ordenó “de inmediato” que fueran puestos en libertad.
El asunto se trató en cabildo y por “pluralidad” de votos estuvieron de acuerdo con el Obispo “a beneficio de los esclavos”. Es un dato significativo que encaja con el modo de ser y de actuar del prelado: congruente, humanista, fiel a sus convicciones, compasivo y empático; revela el centro de sus preocupaciones: el prójimo. Era un hombre del Siglo de las Luces.
Esta información la encontró Santoscoy Faudón, según la referencia que él mismo compartió, en el Archivo Eclesiástico de Guadalajara. Se trata de una acta capitular del 27 de mayo de 1780. Es un aspecto revelador de su línea de conducta.
Sin apartarme demasiado, tomando en cuenta la relación de libertad y educación, el fraile dominico trabajó de manera notable a favor de la instrucción elemental para niños y niñas. Las niñas le preocupaban especialmente y el ejemplo más claro es el Beaterio de Santa Clara.
Prácticamente, desde que llegó en diciembre de 1771 hasta el día de su muerte, el 7 de agosto de 1792, Alcalde constató las condiciones en las que se encontraban los planteles educativos en operación y, ni tardo ni perezoso, tomó medidas para disponer de los recursos necesarios que permitieran su reparación traslado, ampliación y fundación, dependiendo del caso, previa solicitud de la venia real.
El impulso que el Obispo dio a escuelas de primeras letras, a conventos y colegios seminarios, equivalentes en nuestros días a educación básica, media y media superior, fue de una magnitud que no se ha apreciado en su justa dimensión, quizá por la grandeza de sus obras cumbre, el Hospital Civil y la Universidad de Guadalajara, no obstante, su labor a favor de la formación de niños y niñas fue un trabajo que realizó durante todo el tiempo que fungió como Obispo, especialmente si se trataba de infantes huérfanos o desamparados.
El fraile dominico tomó decisiones y ordenó acciones para que más menores tuvieran acceso a la instrucción elemental; y siempre, como una regla de conducta, Alcalde gestionaba, investigaba, calculaba o proveía lo necesario para que las escuelas dispusieran de los recursos suficientes para su manutención. En esto, que no es poca cosa ni sencilla, estriba en buena medida el gran mérito del vigésimo segundo Obispo de Guadalajara como impulsor y promotor de la educación; una vez más se valoran aquí, por los resultados y el crecimiento en planteles durante su época como Obispo, sus dotes como administrador.
Mucho antes de que Antonio Alcalde llegara a Guadalajara, y hasta que el dominico sumaba ocho años en la mitra tapatía, un periodo de 83 años que va de fines del siglo XVII a 1779, se establecieron tres colegios para niñas, aunque persistían “las escuelas de primeras letras para niños”, según documentó Carmen Castañeda y presentó en su libro La educación en Guadalajara durante la Colonia, 1552-1821 (1984).
En una segunda etapa, que va de 1779 a 1821, la historiadora registra datos de la actuación del dominico como Obispo de la Diócesis de Guadalajara que indican aportaciones fijas y suficientes para el sostenimiento de varios colegios, conventos y otras instituciones educativas. Refiere también que en ese tiempo Guadalajara llegó a tener “numerosas escuelas de primeras letras para niños y en algunas se llega a la educación pública y gratuita”. Los colegios para niñas y los colegios seminarios se consolidaron.

Había una idea y un propósito que hoy se reconocen. Una visión integral con respecto a la educación, la libertad que proporciona la instrucción, las luces, con base en los conceptos de la época, porque el foco no sólo fue la educación superior, la instrucción elemental, como se identifica hoy, era básica.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.