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Los cristianos tenemos el compromiso de la misericordia, del amor y del servicio al prójimo, y “no lo estamos cumpliendo lo suficiente”, asegura la médico paliativista y religiosa Susana Lua quien toma el dolor de sus pacientes como algo personal, con la certeza de que “Dios pude multiplicar aún lo poquito que hagas”.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

La madre Silvia Susana Lua Nava nació en Cotija, Michoacán y desde muy jovencita abrazó la vocación religiosa pero también la vocación de la atención a los enfermos. Es fundadora y directora de la Clínica de Cuidados Paliativos Juntos Contra el Dolor, A.C. y colabora en medios católicos de comunicación.

Su historia de vida

“Las situaciones y tragedias que experimenté en familia, me fueron acercando al mundo de la salud.

“Es hermoso nacer de una familia pobre porque valoras cada esfuerzo y el cómo se va escalando para alcanzar logros por medio del sacrificio.

“Yo inicié como auxiliar de enfermería a los 16 años, y comienzo a ver la situación de la gente pobre y darme cuenta de que morían porque no tenían recursos.

“Cuando yo iba al hospital a hacer mi guardia llegaba primero a la capilla y le pedía al Señor su ayuda. Le decía, Señor, si tú quieres yo podría dedicar mi vida a tu servicio. Así surgió también mi vocación religiosa”.

Otro episodio importante fue la enfermedad de la vesícula que padeció su mamá después de quedar viuda: “yo sentía gran impotencia al verla con dolor, eso me sensibilizó mucho”.

Sus dos vocaciones

Su vida como religiosa inició cuando ingresó a la Congregación Siervas de la Santísima Trinidad de los Pobres a los 16 años, comunidad a la que sirvió y donde vivió por 25 años. “Ahí empecé a ir a lugares de misión, a rancherías, lugares de gente pobre y sentir esa impotencia de no poder hacer nada por la falta de recursos, cuando en realidad hay mucha gente a la que se le puede ayudar”.

Así surgió su inquietud por estudiar medicina, sueño que realizaría años después a base de esfuerzo y sacrificio.

Entre los recuerdos más hermosos que Susana tiene, destacan los obstáculos que tuvo que sortear para estudiar medicina. Y es que no resultaba fácil combinar sus actividades y su identidad como religiosa y su deseo de estudiar medicina.

Además había que tomar en cuenta que en las escuelas públicas le exigirían actividades que no iban de acuerdo a su situación de vida pues pese a ser religiosa le exigirían la colocación de dispositivos intrauterinos y otras actividades para el control natal, prácticas contrarias a la doctrina de la Iglesia Católica. De ahí la decisión de estudiar en una escuela privada.

Cómo pagar una carrera con 500 pesos

Comenzó la carrera de medicina en la Universidad Autónoma de Guadalajara en 1996. “El primer desafío era pedirle permiso a la superiora, pero ante el sagrario lo puse en manos de Dios.

“La Congregación me apoyaba con lo de los pasajes pero yo debía pagar la escuela. Hubo entonces una persona que me prestó 500 pesos y una más que me orientó para comenzar a vender plata y oro.

“Iba frecuentemente al centro joyero a comprar plata pero al ser monjita, me tuvieron confianza y una chica comenzó a fiarme oro y así comencé a vender. Tengo todavía mi estuche de recuerdo”.  

Cabe mencionar que no faltaron las personas que la estafaron. Sin embargo la mano misericordiosa de Dios se hizo presente y también hubo almas generosas que la apoyaron hasta que terminó su carrera.

Además, el esfuerzo físico también era grande, pues como enfermera en el Hospital de la Trinidad, tenía cubrir guardias por la noche en el área de ginecología.

“Fue una etapa muy hermosa porque vi aunada al esfuerzo humano la bondad de Dios”.

Susana también conoce en carne propia el dolor pues en su vida ha sido sometida a 11 cirugías y también ha vivido la enfermedad. “Eso me permite empatizar con los pacientes, por eso para mí es importante quitar el dolor.

“Cuando me otorgaron la beca para ir a estudiar a España Cuidados Paliativos, a la primer semana me quería regresar porque era demasiado impactante para mí. Me ponía ante el sagrario y casi lo desbarataba con mis súplicas, pero después de unas semanas dije, sí, esta es mi vocación”.

El llamado dentro del llamado

Una vez terminada la especialidad, la madre Susana se enfrentó a otra realidad: las normas internas de la Congregación no le permitían ejercer al cien por ciento su labor como médico paliativista pues no podía salir a hacer visitas domiciliarias.

La decisión de pedir un permiso para separarse de su comunidad no fue fácil, pero surgió a los pies del sagrario. “Fue como un divorcio. Se siente que se sangra el alma. Pero también entiendo que el nuevo proyecto de Evangelium Vitae me da la posibilidad de ayudar más a la gente, siguiendo esa intuición que yo tenía desde la adolescencia”.   

Se separó definitivamente de la Congregación pero con dirección espiritual supo cómo encausar su vida consagrada a la que jamás pensó en renunciar y su vocación en la atención a enfermos, principalmente hacia enfermos en fase terminal.

Los nuevos Cirineos

En cada enfermo la madre Susana ve a un nuevo Jesús con una nueva historia. “Mi intención es acoger a los enfermos, con o sin dinero, para que vivan en la clínica de los cuidados paliativos una antesala del cielo.

“De esta manera los consagrados, hombres y mujeres, podemos y debemos hacer fructificar nuestra paternidad y maternidad.

“Aun cuando el cansancio físico se siente, cuando llegas a equilibrar, centrando en Dios, todo lo que ha sido tu objetivo en la vida, tus esfuerzos te hacen sentir plena espiritualmente y plena como mujer”.

La religiosa asegura que su figura de inspiración es el Cirineo que ayudó a Jesús a llevar la Cruz hasta el Gólgota, pues este personaje ve el dolor y el agobio de Jesús y lo acompaña hasta su último destino. “Eso es lo que hacemos nosotros; ayudarles a los enfermos terminales a llevar ese peso”.

FACEBOOK: Juntos contra el dolor, A.C.

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