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LA PALABRA DEL DOMINGO Juan López Vergara

Nuestra madre Iglesia en este segundo domingo de Adviento, ofrece el primerísimo texto del santo Evangelio según Marcos, donde el Bautista anuncia la inminente Buena Nueva de la intervención de Dios en su Hijo: Jesucristo. Por lo cual debemos despertar nuestra alma, preparándonos con gozo y responsabilidad a un encuentro con Cristo (Mc 1, 1-8).
JESUCRISTO INICIA UN NUEVO COMIENZO
El evangelista introduce su obra con inspirada genialidad: “Éste es el principio del Evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios” (v. 1). Marcos evoca las palabras iniciales del libro de los Orígenes: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas” (Gn 1, 1-2). Para el evangelista: “el principio” no entraña únicamente el comienzo de su libro, sino la noticia de una nueva historia, que inicia con la Buena Nueva de Jesucristo.

El pasaje, por lo tanto, ostenta una esmerada inclusión: La historia de Jesús, entronizado como Rey mesiánico, iniciador del Reino de Dios; y del Espíritu, artífice de la primera creación, por quien va a actuar Jesús: (véase v. 8).
La predicación del Bautista lleva la impronta de su propia insuficiencia, su bautismo de agua es temporal, preludio del bautismo definitivo, el del Espíritu. Con Jesucristo, entonces, inició el verdadero comienzo, que abarca y orienta todo: El libro entero de Marcos debemos escucharlo como buena noticia sobre Jesucristo

LA CONVERSIÓN FORMA PARTE DE LA BUENA NUEVA
La Venida del Señor estaba anunciada por los profetas: “He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos” (vv. 2-3 compárense: Ml 3, 1 e Is 40, 3). Juan predicó un bautismo de metanoia, o sea de conversión y justamente en el desierto, el lugar de camino de vuelta a Dios (véanse vv. 4-5). ¿Cómo puede el corazón alegrarse con la venida del Señor, si no expulsa el pecado que le pesa (compárese Sal 51, 5)?
La conversión forma parte de la Buena Nueva, pues es nuestra respuesta a la salvación ofrecida por Dios. Canta el poeta que: “Tras el vivir y el soñar, / está lo que más importa: / despertar”.

EN JESUCRISTO LA SALVACIÓN TIENE SU ÚLTIMA PALABRA
Y aquel austero profeta, auténtico hombre de Dios, con absoluta claridad declaró que la salvación tiene su última y definitiva palabra en Jesucristo:

“Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba: ‘Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo’” (vv. 6-8).

Muy apreciables lectores, para actualizar la Palabra de Dios, ofrecida el día de hoy, los invito a preguntarnos si el Adviento no es el tiempo oportuno para propiciar un encuentro con Jesucristo: leyendo piadosamente la Biblia (compárese Jn 5, 39); enviando una carta, amable y sincera, a esa persona de la que estamos distanciados (compárese Mt 5, 23-24); visitando a los enfermos, a los presos, a los desamparados, a los inmigrantes, en quienes Cristo nos muestra su rostro (compárese Mt 25, 34-40).

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