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Alfredo Arnold

Recientemente, en una comida entre amigos, viejos amigos por cierto, y ninguno de ellos abierto simpatizante de la 4T, hablamos un poco de fútbol y mucho de política. La mayoría coincidió en que el América es el equipo favorito para ganar el Torneo Apertura 2022, debido a su posición en la tabla, la racha de partidos sin perder, su plantel de jugadores y el gran momento por el que atraviesa. Más tarde, y ya en otro tema, todos coincidieron en que uno de los tres aspirantes a la Presidencia de la República será el candidato de Morena y ganará los comicios de 2024.

La plática se centró en quién de los tres sería el mejor prospecto para dirigir los destinos de nuestro país en el próximo sexenio. ¿Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard o Adán Augusto López? En la plática salieron a relucir otros nombres, como Ricardo Monreal, Santiago Creel, Mauricio Kuri, Clemente Castañeda, Enrique de la Madrid, etcétera, pero ninguno con la convicción y fuerza de Sheinbaum y Ebrard.

Advierto de antemano que me niego a llamarles “corcholatas” por la connotación que tiene este vocablo, que hizo famoso en sus películas la fallecida actriz Carmen Salinas; pero, allá ellos, ninguno de los tres se ha quejado de ser considerado “corcholata”; al contrario, más bien parecen disfrutarlo.

Posicionar abiertamente a los tres aspirantes ha sido uno de los triunfos más destacados del Presidente López Obrador. En esto sí es diferente a los demás. Nadie antes se había atrevido a decir en público, dos años antes de terminar el sexenio, y con nombres y apellidos, sus opciones de sucesor. Echeverría dejó que crecieran las simpatías por Moya Palencia, pero finalmente se decantó por López Portillo; Salinas tuvo que cambiar de candidato después del asesinato de Colosio; Fox jugó con los nombres de Calderón, Manuel Espino, e incluso Alberto Cárdenas, pero nunca lo hizo público, etcétera. Por eso, haber logrado que le den un trato cuasi presidencial a Sheinbaum, Ebrard y Adán Augusto cuando faltan dos años para las elecciones es una victoria del Presidente.

Pese a la aparente derrota por la contención en el Senado a la minuta de los diputados de alargar cuatro años la presencia militar en las calles, el Ejecutivo federal debe estar muy satisfecho por varias razones, entre ellas la adscripción de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa y el debilitamiento de la alianza opositora “Va por México”.

Podríamos a­rmar que la 4T va en caballo de hacienda rumbo al 2024, pero aún no es tiempo de cantar victoria. El hecho de posicionar a tres aspirantes con dos años de anticipación también puede entrañar un gran riesgo: el peligro de que dos de ellos se percaten de que no hay piso parejo y se salgan del huacal, desatando la lucha interna en el estrecho círculo presidencial.

La jefa de gobierno capitalino y el canciller llevan la delantera, pero tal parece que a Ebrard le han asignado las tareas más difíciles de cumplir, ya que las relaciones exteriores no son el fuerte de nuestro gobierno. El tema de los migrantes, el muro de Trump, el acercamiento con mandatarios de izquierda, el viaje a Cuba, el boicot a la Cumbre de las Américas de Joe Biden, la propuesta desairada por el Consejo de Seguridad de la ONU, los desacuerdos por los nombramientos de embajadores, el distanciamiento con el Parlamento Europeo, la amenaza de demandar a la ONU por el tema de las vacunas, la defensa de Julian Assange, el pleito con el Gobernador de Arizona, las diferencias en el T-MEC por la Reforma Eléctrica, la inasistencia a los funerales de Isabel II y la ingenua propuesta de paz para la invasión rusa en Ucrania, parecerían dislates del canciller, pero también pueden ser iniciativas desacertadas de la presidencia.

En cambio, la jefa de gobierno capitalino organiza ­ estas multitudinarias en el Zócalo, inaugura el Cablebús y el Trolebús Elevado, anuncia éxitos policiacos y reconstruye la Línea Uno del Metro.

Faltan dos años para las elecciones generales. Los candidatos de­finitivos darán la cara en el otoño de 2023, muchas cosas podrían pasar de aquí a entonces; por ejemplo, un intento renovado para que vuelva a funcionar la alianza opositora, pero lo que sí se ve muy difícil es que surja un nuevo candidato presidencial, ya sea dentro de la 4T o en la oposición.

En futbol el América es favorito para ser campeón, pero podría ocurrir que lo eliminen a las primeras de cambio. Igual a la 4T, ahora tiene todo para ganar, pero dentro de dos años quién sabe.

*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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