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“Ustedes, las mujeres, tenéis siempre como misión la guarda del hogar, el amor a las fuentes de la vida, el sentido de la cuna. Están presentes en el misterio de la vida que comienza” (Pablo VI).

Pastoral del adulto mayor

DIMENSIÓN DIOCESANA DEL ADULTO MAYOR (DDPAM)
San Juan Pablo II, en su carta apostólica, Mulieris Dignitatem, describe que
la dignidad y la vocación de la mujer se expresan en los primeros versículos del Génesis (Gén 1, 27), al crearla como al hombre, a imagen y semejanza de Dios; es por ello que la plenitud de los tiempos manifiesta la dignidad
extraordinaria de la mujer, que significa la plenitud de la perfección de lo
que es característico de la mujer, de lo que es femenino. En este sentido, nos
encontramos con el arquetipo de la dignidad personal de la mujer.
En la misma carta, san Juan Pablo II puntualiza que la dignidad de la
mujer, de su vocación y su realización se encuentra en definitiva en la unión con Dios, la mujer no puede llegar a realizarse fuera de la dimensión de esta imagen y semejanza, ya que la dignidad de la mujer se relaciona íntimamente con el amor que recibe por su femineidad y con el amor que, a su vez, ella da; es decir, encuentra plenitud en la entrega sincera de sí misma a los demás.

LAS DIMENSIONES FEMENINAS
Es importante decir que la mujer, independientemente de la opción por un estado de vida determinado, en su ser mujer tiene tres dimensiones: virginal, esponsal y maternal (Irma Salas, 2021), y cabe mencionar que es el proceso de maduración de la persona el que lleva a una donación auténtica y genuina de la mujer adulta.

Podemos decir que la mujer adulta mayor ofrece a la humanidad, como fuente de vida, la humanización de cada ser humano, dando por amor su protección, su cariño, el alimento y los cuidados necesarios. En particular, ofrece el equilibrio perfecto entre su ser mujer y su ser materno, ofrece su sabiduría, los rituales de vida que resignifican, ofrece la experiencia de fe, los valores perenes, sus raíces históricas, sus códigos cosmogónicos y verbales.

También ofrece la ritualización de su religiosidad y un alto sentido de lo sagrado, la esperanza de futuro en el horizonte de la humanidad, ofrece
el sentido profundo de la vida y de la muerte, el camino para comprender la
plenitud, la identidad, la pertenencia, la dignidad, el camino del amor, así
también ofrece la luz nueva en caminos de sombra en el nacimiento y el renacimiento de la humanidad.

VALOREMOS A NUESTRAS MADRES Y ABUELAS
En definitiva, cada etapa de la mujer aporta a la vida, su vocación es riqueza para la familia y la sociedad. Así pues, el papel de la mujer adulta requiere ser valorizado y custodiado, y al mismo tiempo invita al conocimiento de lo que ella vive y sufre en esta etapa, ya que la vejez implica una serie de cambios corporales, psicológicos y sociales,
entre otros, por lo que es importante comprender cómo la mujer adulta mayor entiende, crea y recrea su proceso de envejecimiento; así mismo, es necesario promover una cultura que valore a la mujer adulta mayor en su dignidad humana, rompiendo los prejuicios de la significación de la vejez social.
Fuente: Juan Pablo, (1998). Mulieris Dignitatem.

En lo que refiere a los recursos personales de la femineidad, estos son diferentes a los del hombre, por lo que, la mujer percibe, reacciona, piensa y siente más desde sus entrañas que el varón. “La fuerza moral de la mujer y su fuerza espiritual, se unen a la conciencia de que Dios confía de un modo especial al ser humano en razón de su femineidad y ello decide principalmente su vocación” (Muleris Digntatem, 30).

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