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Sergio Padilla Moreno

En las últimas semanas, los Medios de Comunicación de todo tipo han difundido los más variados análisis del año que se fue y la prospectiva para este año 2021. Del inédito y complejo año 2020 se han hecho lecturas, explicaciones y acercamientos desde diversas disciplinas, pero es claro que lo confuso de los tiempos recientes tendrá que ser paulatinamente entendido con el paso del tiempo.

El valor de lo ordinario

Mientras tanto, comenzamos un año más y, paulatinamente, nos hemos ido incorporando a la rutina diaria, aunque en el contexto de la llamada “nueva normalidad”. Más allá de las explicaciones por parte de los expertos, cada día hay que atender el trabajo que nos permite llevar el pan a la mesa, así como reanudar las clases virtuales en las escuelas y hacer los pendientes que van conformando el día a día. La vida se teje, en su mayoría, en tiempo ordinario, que, por cierto, es el tiempo litúrgico más largo del año en la Iglesia.

Todavía resuenan en mi cabeza las palabras de la homilía de un anciano sacerdote que oficiaba la Eucaristía en el templo de La Merced, en el centro de Guadalajara, pues comentando el pasaje evangélico que se proclamó ese día dijo: “La relación con Dios, al igual que las relaciones significativas con las personas que amamos, se tejen a partir de lo cotidiano y lo ordinario; no basta a un esposo llevarle una vez al mes flores a su esposa, si los demás días la ignora de diversos modos. Igual pasa en la relación con Dios, pues no sirve de mucho si nada más le dedicamos la Misa semanal, normalmente distraídos, pero el resto de la semana nuestra vida cotidiana no le pide nada al más pagano.” En el Evangelio de ese día se leía la frase de Jesús: “El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho; y el que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho” (Lucas 16,10).

Es necesario reencantar las pequeñas cosas de la rutina cotidiana.

Con cotidianidad y paciencia

El jesuita Benjamín González Buelta nos puede dar luz en su bello libro Letra pequeña. La cotidianidad infinita(Buena Prensa, 2016), donde nos dice: “Con la paciencia vegetal con que crece una caoba centenaria, vemos a personas admirables que buscan lo mejor para la humanidad, en laboratorios sin publicidad con rutinas implacables y rigurosas, las cuales estudian minuciosamente los cambios climáticos o se sumergen en los archivos buscando la verdad de un hecho histórico que nos ayude a comprender mejor el futuro que ahora estamos incubando sin saberlo. Con rutinas silenciosas se va afirmando la musculatura atrofiada de un enfermo, el aprendizaje de un niño […]”.

“Sin las pequeñas rutinas de la vida familiar y laboral no se puede construir nada consistente y definitivo.”

Una buena lectura

Vale la pena leer la pequeña novela El contrabajo de Patrick Süskind,  donde el autor “pone al descubierto el envés alucinante de la existencia cotidiana”.

También está disponible en audiolibro: ‘El contrabajo’, de Patrick Süskind

https://www.youtube.com/watch?v=3T9FIjtDZ3k

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Tags: Ars Cortis

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