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Sergio Padilla Moreno

Hace unas semanas mencionamos aquí que este año se celebrará el centenario de la muerte de Giacomo Puccini (1858-1924), destacado compositor italiano conocido por su contribución al género operístico y quien fuera el creador de una decena de obras, muchas de las cuales son las favoritas por los amantes del género y son frecuentemente programadas en los más importantes teatros del mundo.
En vistas a preparar el mejor homenaje que le podemos hacer a Puccini, es decir, conocer y apreciar su obra, hablemos en esta ocasión de Tosca. Esta ópera, estrenada en Roma, el 14 de enero de 1900, reúne los requisitos justos para hacerla una verdadera obra de arte: música de rica inspiración, poderoso contenido dramático y retos vocales hacia los cantantes. Para aquellos que no han tenido contacto con este género, Tosca es un buen título para comenzar. La ópera, con libreto de Guiseppe Giacosa y Luigi Illica, narra en tres actos la historia de amor de la cantante Floria Tosca y el pintor Mario Cavaradossi, la cual se ve trágicamente truncada a causa de la lascivia del Barón Scarpia, jefe de la policía romana.

Musicalmente hablando, el papel de Tosca le corresponde a una soprano de convincente capacidad dramática, que sea capaz de recrear el sentimiento de repudio hacia Scarpia, así como la plegaria suplicante en la famosa aria del segundo acto Vissi d’arte, pasando por la ternura más profunda y los terribles celos. El rol de Cavaradossi le corresponde a un tenor lírico de generosa amplitud en el registro vocal. A lo largo de la ópera enfrenta dos hermosas arias de carácter totalmente distinto: la apasionada Recondita armonia del acto primero, y la dramática E lucevan le stelle del tercer acto. Los duetos entre ambos personajes son de gran romanticismo e inspirada profusión de melodías.
El rol de Scarpia le corresponde a un barítono de alta capacidad dramática, capaz de traslucir el espíritu siniestro que demanda el papel. Una de las intervenciones más esperadas de este rol se da al final del acto primero, cuando se canta el Te Deum en el interior de la iglesia de Sant’Andrea Della Valle. En el acto segundo, Scarpia es el personaje que lleva el peso de la acción dramática, incluso al momento de su muerte, cuando recibe como beso de Tosca un puñal en el pecho. El tercer acto musicalmente abre con un amanecer romano desde el Castillo de Sant’Angelo, donde se ve a lo lejos la majestuosa cúpula de la Basílica de San Pedro.

En esta ópera, el director concertador lleva la enorme responsabilidad de recrear con credibilidad las diversas atmósferas y colores orquestales que pide la extraordinaria partitura pucciniana. De las grabaciones discográficas de Tosca, me permito recomendar la extraordinaria versión de la soprano María Callas, el tenor Guiseppe di Stefano y el barítono Tito Gobi, todos bajo la batuta de Victor de Sabata. Otra grabación mítica es con la soprano Birgit Nilsson, el tenor Franco Corelli y el barítono Dietrich Fischer-Dieskau, con la dirección orquestal de Lorin Maazel.


Tosca – Kabaivanska Domingo Milnes
https://www.youtube.com/watch?-v=DnO7FBS1akI

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