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Mons. Ramón Salazar Estrada
Obispo Auxiliar de Guadalajara

El pasado día 2 de febrero del presente año, fiesta de la Presentación del Señor, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó una Nota, titulada Gestis Verbisque, sobre la validez de los sacramentos.
Este documento fue firmado dos días antes por el Santo Padre, el Papa Francisco.
El mismo texto manifiesta el objetivo del escrito, “…el Dicasterio para la Doctrina de la Fe se propone ofrecer en esta Nota algunos elementos de carácter doctrinal para discernir la validez de la celebración de los sacramentos, prestando atención también a algunos aspectos disciplinares y pastorales”.
San Agustín escribió expresivamente: “Adán durmió para que fuera formada Eva; Cristo murió para que fuera formada la Iglesia. Mientras que del costado de Adán vino Eva, del costado de Cristo, muerto en cruz, traspasado por la lanza, brotaron los sacramentos con los que fue formada la Iglesia”. Es Cristo el origen de los sacramentos y es la Iglesia quien tiene la misión de hacer llegar estos medios de santificación a la humanidad. En el Cuerpo místico de Cristo, el Espíritu Santo actúa, ofreciendo sus gracias y dones, a través de los sacramentos.
Que magnífica tarea tiene la Iglesia en sus ministros y fieles. Conocer, buscar y recibir las gracias sacramentales que Jesucristo ha dejado y que el Espíritu Santo de forma permanente está dispensando. Acercar las riquezas que la Revelación, en la Sagrada Escritura y la tradición, ha dejado en los signos y símbolos expuestos en las celebraciones litúrgicas. Mantener viva la riqueza teológica que desde la tradición israelita se contienen en las asambleas por el Señor convocadas, congregadas y alimentadas.
La unidad con Dios se realiza en Cristo, por obra del Espíritu Santo, a través de los sacramentos que la Iglesia contiene y ofrece.
La Iglesia es consciente de que administrar la gracia de Dios no significa apropiarse de ella, sino hacerse instrumento del Espíritu en la transmisión del don de Cristo pascual. Sabe que su autoridad está en servir con fidelidad la institución divina, el propio ejercicio sacerdotal del Señor y la unidad del Cuerpo místico de Cristo.
La Iglesia reconoce humildemente que es servidora, ministra y custodia de la heredad del Señor, es decir, de los dones pascuales. Ella experimenta también el beneficio de los sacramentos que ofrece, recibe los auxilios necesarios para continuar su labor de llevar el Evangelio a todas las naciones, para nutrir a sus hijos como madre y para ser testigo de caridad y misericordia en el mundo.

El modo de celebrar los sacramentos ha venido definiéndose a través de los siglos. Algunos signos existieron desde las primeras comunidades cristianas muy bien definidos y aceptados; sin embargo, se sabe de algunos otros que tuvieron que pasar por un proceso evolutivo y temporal hasta quedar establecidos como ahora se les conoce. A estos signos se les ha llamado materia y forma, es decir, los sacramentos siempre tendrán una materia perceptible, sensible, natural que manifiesta lo que sobrenaturalmente ofrece. Por ejemplo, el agua del Bautismo que naturalmente lava, limpia, fertiliza, sobrenaturalmente, purifica y fecunda a la persona con la filiación divina y sus dones teologales. Por su parte, la forma es la expresión verbal de la gracia que se ofrece por aquel medio sacramental. Ambos, materia y forma, son indispensables en su celebración, de lo cual, incluso, depende su propia validez.

Finalmente, hay otro elemento que de forma puntual la Nota del Dicasterio señala. La intención con que se han de celebrar los sacramentos. Un aspecto interior y subjetivo que hace referencia en realizar aquello que Cristo ha establecido y la Iglesia ofrece con la materia y forma establecidas.
Tomando la enseñanza de san Pablo: “llevamos un tesoro en vasijas de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2Cor. 4,7), deja de manifiesto cómo es que para la Iglesia, fieles y ministros, y la debida preparación y celebración de los sacramentos es una riqueza que el Señor ha puesto en manos frágiles.

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