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Estamos cansados, por decir lo menos, de la violencia, la delincuencia y los asesinatos en México como para promover y “darle culto” a la así, erróneamente llamada, santa Muerte, “advocación” vinculada a lo anterior.
El hecho de que a un partido político se le haya identificado con esta pretendida o supuesta “imagen religiosa” manifiesta un modo de proceder y posiblemente una de las opciones de gobierno que pueden llegar a privilegiar en su estilo de llevar los asuntos públicos.
Lejos de ser considerada una alusión moral o religiosa, se trata de un forma de tomar decisiones que está contra todo lo que puede ser vida para los ciudadanos comunes, que son la mayoría, y que abre la puerta a que los promotores de una cultura de muerte sigan afianzándose todavía más en nuestra sociedad, ya de por sí asediada cotidianamente por la delincuencia, en cualquiera de sus formas y de sus niveles de poder.

En la Frontera Chica de Tamaulipas, por ejemplo, los grupos criminales “Los Ciclones” y “Los Metros” cobran a las familias por cada árbol que dé sombra a un hogar en esa calurosa zona de México.

Sin duda que estos grupos estarían satisfechos con este tipo de propuestas de gobierno. El poder que se han ganado a través de sus expresiones e indecibles violencias, ahora puede convertirse en un diario proceder legitimado, y más ahora con la riesgosa y cuestionable Ley de Amnistía.
La santa muerte no se trata, tampoco, sólo de una expresión de libertad religiosa, especialmente cuando se evidencian los riesgos de una promoción así. No es un asunto menor. No estamos peleándonos con un fantasma o viendo “moros con tranchete”.

De acuerdo con Lentia Intelligence (plataforma de datos y análisis sobre seguridad, crimen organizado y conflictividad social), el número de narcoempleados se estima entre 160 mil y 185 mil personas.
La misma empresa de investigación sobre inseguridad y delincuencia en México señala que en años recientes el crimen organizado ha creado desafíos sin precedentes para la ciudadanía y las autoridades en varias regiones del país, que se ven rebasadas por esos grupos, ya sea por su mayor número de efectivos y arsenal que los agentes policiales, o por la corrupción en estos.
En ausencia de una estrategia eficaz para hacer frente a esta situación, las crisis de inseguridad y violencia han deteriorado la calidad de vida de la población, y no sabemos hasta dónde vamos a llegar.

Con la promoción de la lastimosamente llamada “santa muerte” se está de acuerdo con la inseguridad y la violencia actual y, además, se potencia.

Al respecto, los Obispos de México no tardaron en pronunciarse el pasado 24 de abril: “No podemos ignorar la preocupante realidad que enfrenta nuestra sociedad con la implementación de una cultura de muerte y violencia a través de la narco-cultura, que se difunde en imágenes violentas, cultos distorsionados como el de la santa Muerte… Este contenido dañino está distorsionando los valores fundamentales y erosionando el tejido social”.
Si “un verdadero hombre nunca habla mal de…”, como señala la playera con la imagen de la santa muerte, un verdadero cristiano rechaza todo lo vinculado a esta “advocación”.

@arquimedios_gdl

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