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Ignacio Román Morales

Recuerdo aquel ya lejano inicio del siglo XXI, cuando se consolidaron las ventas, a capitales internacionales, de los dos bancos que concentraban la mayor parte de las operaciones financieras de México: el Banco Nacional de México y Bancomer.

Tales ventas cerraban un largo periodo inestabilidad, que inició con la fuga masiva de divisas en 1981 y se profundizó en 1982, luego del derrumbe de los precios internacionales del petróleo y del alza acelerada de las tasas de interés, que redujeron gravemente los ingresos de divisas y simultáneamente se multiplicaban los costos para seguir pagando los compromisos de la deuda externa.

¿Qué hicieron los bancos? Promover la salida de todos los dólares que hubiera en México y propiciar que México fuese el primer país de la posguerra en quedarse sin dinero para estar pagando el servicio de su deuda externa. En un acto desesperado, el gobierno nacionalizó los bancos en septiembre de 1982, pero desde diciembre de ese mismo año inició la flexibilización financiera en favor de los agentes privados.

Durante el periodo 1983-1987, en medio de la hiperinflación y múltiples devaluaciones, el sector financiero no se concentró en los bancos nacionalizados, sino en las inversiones bursátiles. Con los bancos financieramente saneados por una inyección masiva de dinero público, el gobierno posterior, de Salinas de Gortari, propició la reprivatización de los bancos, centrándose las ventas en los dueños de las antiguas empresas bursátiles.

Sin embargo, algo ahí no calzaba bien: las empresas bursátiles se caracterizan por promover inversiones de alta expectativa de rentabilidad, pero también de alto riesgo. Lo contrario a los bancos, cuyas operaciones son supuestamente más estables, pero con una rentabilidad menor. ¿Qué pasó cuándo se entregaron los bancos públicos a los “Casabolseros”? Hicieron múltiples operaciones de gran riesgo y unos cuantos grandes fraudes Quebraron… y vino el Fobaproa.

El gobierno, tan defensor del libre mercado, volvió a dejar de lado su discurso y rescató a los pobres bancos privados, a un costo faraónico que seguimos pagando los mexicanos un cuarto de siglo después. El gobierno tomó a los bancos quebrados, les metió cientos de miles de millones de pesos y luego… los volvió a vender al sector privado.

Esta vez los compradores ya no serían los “casabolseros”, sino grandes instituciones internacionales que recibieron instituciones limpiecitas con grandes carteras de clientes. ¿Cuánto le pagaron a México por esa labor de limpieza?  No fue necesario, las ventas de Banamex y de Bancomer, las mayores privatizaciones financieras de la historia, se efectuaron mediante mecanismos bursátiles que permitían un costo impositivo prácticamente nulo.

Banamex, en lo particular, no sólo ha sido históricamente una de las dos grandes empresas concentradoras del dinero en México (junto con el “Banco de Comercio”, luego Bancomer), sino que también ha adquirido obras y construcciones icónicas de nuestra historia (como la Casa de Iturbide, en el Centro Histórico de la Ciudad de México). En términos publicitarios siempre ha destacado su interés por México, sin embargo, ante las coyunturas económicas, digamos que el peso del bolsillo es mayor que el del corazón.

El Citigroup ha puesto a Banamex a la venta. Resulta que no considera suficientemente rentable su operación hacia decenas de millones de cuentahabientes: consumidores, asalariados, micro, pequeños y medianos empresarios, sino que ha decidido enfocarse en sus “clientes institucionales”: posiblemente unos pocos cientos de empresas gigantescas (con respecto a las más de seis millones de unidades económicas que hay en México) y tal vez, hasta unos cuantos millonarios en dólares. Está muy claro su compromiso con México, pero negocios son negocios.

¿Quiénes van a comprar Banamex?… Por lo pronto, no traigo cambio en mi monedero para hacerlo. En todo caso, no hay muchas opciones: ¿cuántos pueden juntar decenas de miles de millones de dólares?, ¿Cuántos de esos están centrados en un alto conocimiento bancario?, ¿Cuántos de esos últimos, están dispuestos a colocar ese dinero en México, bajo el actual contexto de incertidumbre pandémica y de polarización política? El acertijo no está fácil de resolver.

@arquimedios_gdl

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