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IG N A C I O RO M Á N MO R A L E S


¡Pásele, pásele! Jugoso y fresco dólar importado de los Estados Unidos a solo 19.30,
no deje pasar esta oportunidad. En México
estamos comúnmente acostumbrados a pensar en
devaluaciones, y es frecuente que se utilice al dólar como el principal “guardadito” para prevenirnos
ante posibles crisis.
Sin embargo, nunca hay dos crisis iguales y la historia no se repite siempre de la misma manera. Evidentemente causa curiosidad el saber por qué el dólar parece estar tan barato, pero también cuáles son las consecuencias de esta “oferta” y preguntarnos hasta cuándo puede continuar.

En cuanto a las causas, hay tres factores importantes:

En primer lugar, el que por primera vez en más de 50 años la inflación en México no sea significativamente mayor que en los Estados Unidos. En ambos países cerrará el 2022 en alrededor 8% el incremento acumulado de enero a diciembre.
De hecho, la inflación en México será menor a la de Europa y a un promedio mundial de 9.5%. Si los precios no crecen más que en los Estados Unidos, inicialmente puede pensarse que el tipo de cambio entre las monedas tampoco deba de cambiar significativamente. De hecho, ha habido una revaluación, pues el 23 de marzo del 2020, a inicios de la pandemia, el dólar llegó a cotizarse en más de 25 pesos.

Si la inflación es similar, uno podría suponer que “el premio” por ahorrar dinero sería similar entre Estados Unidos y México…, pero no es así. En Los Estados Unidos la tasa de interés “líder” (básicamente de préstamos entre bancos) es de 4%, cuando en México es dos y media veces mayor, 10%. Las tasas de ambos países suben para supuestamente controlar la inflación, promoviendo que los que tienen dinero prefieran ahorrar que gastar y, los que no lo tienen, prefieran no endeudarse en sus compras.

El problema es que los ya endeudados (por ejemplo con tarjetas de crédito) tienen costos cada vez más altos sobre su deuda. En todo caso, resulta muy atractivo para quienes tienen dólares, traer esa divisa a México. Si hay más dólares, el precio del dólar tiende a bajar, de la misma manera que si hay una buena cosecha de papas tiende a bajar el precio de las papas.

El tercer factor es el bajo endeudamiento externo de México durante la pandemia. Para los países
pobres que más se endeudaron, la situación se torna más complicada: los aumentos en las tasas de interés les provoca más dificultades para pagar la deuda y necesitan más divisas, especialmente dólares, por lo que tienen que pagarlo más caro. En el caso de nosotros, se mantuvieron fuertes reservas de dólares (200 mil millones), lo que facilita que, en el corto plazo, no se considere tan riesgoso traer divisas a México, lo que contribuye a abaratarlas.

Sin embargo, los efectos no son solo buenos. Como consumidor, claro que me conviene: si el dólar está más barato, el incremento de los precios de los productos importados podrá ser menor (aunque este abaratamiento se compensa negativamente por la inflación). El problema es si nos ponemos en los zapatos de los productores nacionales de bienes: si los precios de los productos fabricados localmente suben más que los de los productos importados, evidentemente esto representa un problema fuerte para los nuestros, para la generación de empleo, especialmente para las empresas endeudadas que tiene cada vez más dificultades para pagar a las mayores tasas de interés (especialmente cuando se trata de micro y pequeñas unidades económicas).

¿Hasta cuándo durará la oferta barata de dólares? México es un país frágil, vulnerable y con una extrema concentración de la riqueza. En el momento en que los grandes potentados consideren que ya no es suficientemente rentable, o seguro, tener grandes fortunas de divisas en México, o en el momento en que obstaculice mayormente el envío de remesas a México, o si unas cuantas empresas automotrices, de autopartes o electrónicas deciden salir del país, entonces la situación se revertiría intempestivamente

Ya hay focos amarillos: En cuanto México comienza a crecer económicamente, como ahora, se
incrementa en mayor proporción nuestra compra de bienes importados con respecto a lo que exportamos (déficit comercial), a lo que se suma el incremento del costo de la deuda externa por el incremento en las tasas de interés.

En economía hay que jugar al equilibrista, si una decisión tuviera solo efectos positivos para todo mundo, sin ninguna consecuencia negativa, sería muy fácil, pero en cada decisión y evento tenemos ganadores y perdedores. Lo grave es cuando la mayoría pierde y unos cuantos ganan, cuando las pérdidas tienen dramáticos efectos ambientales y sociales, mientras que los pocos que ganan, incrementan sus fortunas haciendo palidecer a los faraones.

La gran cuestión no es solo cómo mantener una paridad estable, sino cómo mejorar las condiciones sociales, reducir la concentración de la riqueza y enfrentar los riesgos ambientales en que estamos metidos. Para ello no basta con poder mantener el crecimiento de las importaciones, sino construir la capacidad para poder satisfacernos con nuestra propia producción de lo que básicamente requerimos para vivir.

@arquimedios_gdl

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