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LA PALABRA DEL DOMINGO Juan López Vergara

Nuestra Madre Iglesia ofrece para hoy la escena de la primera actuación de Jesús registrada por el evangelista san Marcos, quien describe con el lenguaje y la mentalidad de su época la victoria del Señor: “el Santo de Dios”, ante los poderes del mal, revelando así su embelesador Misterio, que refleja el rostro de su más caro anhelo: Hacer siempre el bien (Mc 1, 21-28).

“EL SANTO DE DIOS”
El Evangelista relata que, habiendo llegado Jesús a Cafarnaúm el sábado, asistió a la sinagoga y se puso a enseñar” (v. 21). Hasta la aldea más pequeña tenía su sinagoga, donde la gente se reunía para la oración, la lectura y la explicación de la Ley y los Profetas.

Jesús de Nazaret fue un laico respetuoso de las instituciones religiosas (compárese Lc 4, 16). El Señor enseñó no como repetidor de tradiciones, sino como fuente de autoridad y doctrina: “Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas” (v. 22).
Su enseñanza suscrita por el embelesador Misterio de su Persona provocó el asombro del pueblo que intuyó la verdad de sus palabras (compárese Lc 10, 21). El evangelista relata enseguida la entrada de un endemoniado que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios” (vv. 23-24). “Santo” significa “consagrado”, lo cual implica una separación para ejercer el ministerio profético. Aquel espíritu inmundo reconoció en Jesús al profeta consagrado por Dios para su misión (compárese Jr 1, 5). Los demonios contemplan lo invisible revelando la trascendencia de la personalidad de Jesús.

LA PALABRA DE JESÚS LIBERA Y CURA
A ese que se atrevió a perturbar el servicio litúrgico, Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” (v. 25). El furibundo espíritu obedeció: “sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él” (v. 26). El mandato sugiere que Jesús compartió la creencia característica de su tiempo de la posesión de los demonios, pero la trascendió pues con sólo su Palabra, sin recurrir a otras prácticas expulsó al espíritu inmundo. Entonces todos se quedaron estupefactos.

La Palabra de Jesús es poderosa: ¡libera y cura!

JESÚS REVELA SU MISTERIO HACIENDO EL BIEN
El asombro responde a que Jesús echó a aquel espíritu sin requerir ciertamente de otras fórmulas, pero también se debió a su enseñanza como constatamos en los comentarios de la multitud: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta?” (v.27a); y, sobre todo, por el impacto suscitado ante el Misterio de la numinosa y seductora persona del Señor Jesús quien “tiene autoridad para mandar hasta los espíritus inmundos y lo obedecen” (v. 27b). El pasaje culmina con una especie de sumario: “Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea” (v. 28). Jesús reveló su Misterio liberando a aquel hombre poseído por un espíritu inmundo, es decir, haciendo el bien (véase Hch 10, 38).
Muy apreciables lectores, para actualizar la Palabra de Dios, ofrecida el día de hoy, los exhorto a que veamos que nuestro asombro no se reduce a la novedad de la enseñanza de Jesús, sino a la autoridad emanada de su persona, al embelesador Misterio de Jesús.

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