upc4

Laura Castro Golarte

Hasta donde se tiene noticia, el Hospital Real de San Miguel de Belén hoy Hospital Civil “Fray Antonio Alcalde”, desde su fundación no ha dejado de funcionar como tal, es decir, 230 años de trabajo ininterrumpido para cumplir el mandato: “la salud del pueblo es la suprema ley”.
Fue sólo durante la Guerra de Reforma o Guerra de Tres Años, entre 1858 y 1861, que se usó como cuartel, pero incluso así, aunque desconozco testimonios específicos, resulta difícil pensar que, en medio de esa guerra civil, ese espacio enorme y magnífico desde su apertura, no hubiese recibido heridos para su atención, sin olvidar, por supuesto, a quienes desde hacía ya más de 60 años encaminaban sus pasos al nosocomio para recuperar la salud de ellos o de sus familiares.
Como ya he mencionado, el Hospital Real de San Miguel de Belén tuvo dos asientos previos al sitio que ocupa en la actualidad; antes, estuvo en lo que identificamos hoy en día como Mercado Corona y los frailes betlemitas, responsables de su operación, habían solicitado a la Corona, desde mediados del siglo XVIII, recursos y permiso para la construcción de un hospital fuera del centro de la ciudad para evitar que, lejos de ser un espacio para la recuperación de la salud, fuera un foco de infección.
Los betlemitas insistieron, pero no habían tenido éxito, hasta que Carlos III autorizó que el hospital se construyera, no obstante, aunque los frailes recibieron recursos, eran tan grandes las necesidades que nunca pudieron disponer de dinero para la construcción, hasta que llegó fray Antonio Alcalde a ocupar la mitra de Guadalajara. Su visión, su perspicacia, su sabiduría y sus dotes como administrador permitieron que, por fin, se empezara a levantar el nosocomio que sigue funcionando como tal por la calle de Hospital.
Siempre que tengo oportunidad invito a los interesados a conocer el Hospital Civil. Claro que es una propuesta rara porque normalmente le sacamos la vuelta a los hospitales y no es que esté abierto para el turismo, sin embargo, como reportera y familiar de un enfermo internado ahí, pude constatar que el espíritu de fray Antonio Alcalde ronda en ese lugar; los milagros son cotidianos y algo pasa que quien cuida a alguien se convierte en un factor de solidaridad y ayuda para los demás, todos son beneficiarios de todos; todos enseñan a todos; todos cuidan a todos. Se integran pequeñas comunidades efímeras, la confianza es total desde el primer segundo y el acompañamiento no se le niega a nadie por nada; no hay discriminación, ni desigualdad, ni resistencias, hay más tolerancia al dolor, a la sangre, a los desenlaces fatales. Las salas, todos los días, se convierten en espacios mágicos, milagrosos, amorosos, solidarios, compasivos, comprensivos, de servicio y cooperación, de cuidado y protección del otro, de los otros; donde pacientes, familiares y cuerpo médico operan como uno solo guiados por el espíritu de Alcalde.
Cuando empezaba mi carrera como reportera, un jefe me mandó al Hospital Civil pero no a entrevistar a alguien, sino a caminar por sus pasillos, sus patios; me dijo que era importante que lo conociera palmo a palmo para alcanzar la sensibilidad requerida a la hora de escribir.
Visto así, a ras del suelo, entre las camas y los pacientes, testificando el ir y venir de médicos, enfermeras y camilleros, se valora desde otra dimensión. Sólo de esa manera se puede constatar la gran obra que legó Alcalde y el ejemplo de amor, servicio, solidaridad y gratitud a través de las personas que recuperaron su salud en alguna de sus salas y de los familiares de los pacientes… faro y brújula.
Todos los días se les da la comunión a quienes permanecen internados y alguien, tres veces al día, lleva comida para quien la requiera, sin costo alguno. Mucha gente hace labor social y se convierte en viento fresco y esperanzador para quien no tiene salud en ese momento y que, además, es lo común, enfrenta una situación económica precaria y angustiante.
Es un espacio humano, el más humano, en todos sus significados, desde los dolores, fatalidades y miserias más profundas y lacerantes, hasta el amor más exaltado expresado con grandeza, compasión, empatía y generosidad inconmensurables.

Alguien alguna vez dijo que fray Antonio Alcalde, cuando llegó al cielo, pidió a Dios que no le abriera las puertas del paraíso, que prefería quedarse en el Hospital Civil con la humanidad doliente.

Guadalajara Jalisco. 1 octubre 08. Hospital civil viejo. La Jornada Jalisco. Foto: Hector Jesus Hernandez

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.