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PBRO. EDUARDO MICHEL FLORES

En cierta ocasión, un adolescente me preguntó: “Padre, ¿es pecado vivir en unión libre?”, yo le pregunté: “¿Por qué me preguntas eso?”, él me dijo: “Es que el otro día, mi hermano mayor les dijo a mis papás que se quería ir a vivir con su novia sin casarse, y mis papás le dijeron que eso era pecado. Mi hermano dijo que no, porque los dos se amaban y no se iban a vivir juntos por pasión o por deseo, sino por amor, pero mis papás le dijeron que aun así era pecado, y también le preguntaron que si de verdad se amaban, ¿por qué no se casaban? Mi hermano dijo que ellos no necesitaban estar casados por ninguna ley civil o eclesiástica para demostrar que se amaban. Siguieron discutiendo por un buen rato y luego mi hermano se fue enojado. Finalmente, yo no entendí si es pecado vivir en unión libre”.

Yo le dije: “La Iglesia enseña que vivir en unión libre o cohabitar sin estar casados con el sacramento del Matrimonio es pecado, debido a que la Iglesia enseña que el Matrimonio es un sacramento, un compromiso sagrado ante Dios, una unión permanente y exclusiva entre un hombre y una mujer que se basa en el amor, la fidelidad y la apertura a la procreación. La unión libre, que no implica un compromiso formal, no cumple con estos requisitos. La Iglesia nos enseña una moral sexual basada en la castidad antes del matrimonio y la fidelidad dentro del matrimonio”.

“La unión libre es considerada contraria a la moral, porque implica mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio. La Iglesia ve a la familia como la célula básica de la sociedad y considera que el matrimonio es fundamental para la formación y estabilidad de la familia, y la unión libre atenta contra ella. Las parejas casadas, por el sacramento del matrimonio, tienen un cimiento más sólido, que las parejas que viven en unión libre para criar hijos y enfrentar los desafíos que surgen en la vida familiar. La Iglesia basa su enseñanza en la interpretación de la Biblia y la tradición cristiana que respaldan el matrimonio sacramental y sancionan las relaciones sexuales fuera del matrimonio”.

A pesar de la enorme tolerancia en los tiempos modernos, la Iglesia enseña que vivir juntos sin el sacramento del Matrimonio de por medio es un acto pecaminoso. Esto se debe a la importancia que da a la dignidad de la familia, que demanda que el vínculo matrimonial sea santificado con el sacramento del Matrimonio. Desde la misma creación, cuando Dios creó al hombre y la mujer y los bendijo, instituyó el Matrimonio como un sacramento. Para nosotros los creyentes, el amor entre un hombre y una mujer no se limita al instinto sexual; es el deseo de formar una familia estable y responsable. Además, el matrimonio representa un signo del amor de Dios hacia la humanidad, con el que Dios ha establecido una alianza definitiva e indisoluble. Es por eso que Jesús prohibió el divorcio.

En sus enseñanzas, Jesús indicó que no está permitido que un esposo deje a su cónyuge y se case con otra persona, ya que esto estaría en contradicción con el amor eterno e inquebrantable de Dios hacia la humanidad. El motivo más triste para no casarse por la Iglesia es la incapacidad de amar con un amor perdurable.

No buscar el sacramento del Matrimonio puede ser una falta de fe. Simplemente ya no se cree, por eso no se busca que Dios bendiga la unión del hombre con la mujer. Quien se casa por la Iglesia recibe incontables gracias, múltiples beneficios espirituales y numerosas bendiciones de parte de Dios.


Que Dios les bendiga.
Nos leemos la próxima semana

@arquimedios_gdl

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