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Sergio Padilla Moreno

Mi abuelo decía que “los dichos son evangelios chiquitos” y vienen un par a mi memoria a raíz del reencuentro que tuve con Paula, una querida amiga que hacía varios años no veía. Uno de ellos dice: “lo que no te mata, te hace más fuerte”; el otro: “ningún mar en calma hizo experto a un marinero”. Y es que vi a una Paula radiante y feliz, pero con los signos de varias cicatrices de heridas provocadas por los duros retos que enfrentó durante varios años lejos de su país. Ahora veo en ella una mujer libre, resiliente y empática, amorosa de su hija y dispuesta a emprender nuevos proyectos a partir de la enorme experiencia que le dieron los críticos y malos momentos que ha enfrentado. Su experiencia me hizo recordar que, por la dimensión propia de lo humano, todo proyecto o proceso personal tendrá que pasar por enfrentar lo que llamamos el mal con sus múltiples rostros, lo que finalmente nos hace mejores personas si lo enfrentamos con fortaleza y sabiduría.

Sin embargo, los procesos de crisis, de conflicto o de prueba a causa de fuerzas contrarias no suelen venir en un solo episodio, sino que a menudo son recurrentes, por lo que nos demandan discernimiento, atención y vigilancia, además de desarrollar la fortaleza para, muchas veces, volver a empezar. El propio Jesús lo dice: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre (…) dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero” (Mateo 12,43-45). Todo lo anterior hizo resonancia al ver la película ‘Un lugar de esperanza’ (Herself), disponible en Netflix, y en donde se lee esta sinopsis:
“Después de escapar de su abusivo esposo, junto con sus dos hijas, una madre dublinesa elabora un ambicioso plan para rehacer su vida construyendo una casa nueva -símbolo muy potente-, pero contando con el apoyo de diferentes amigos”. Uno de los valores más interesantes de esta película es que no cae en los clichés de contar historias simplonas o de final feliz, pues la conclusión no es precisamente feliz, sino al contrario, y más bien reta a pensar que el verdadero valor está en siempre estar dispuesto a levantarse y comenzar de nuevo, pero eso sí, con más experiencia y sabiduría.

Otra lectura más, pero hecha desde una espiritualidad contemplativa respecto a los retos y males a enfrentar en la vida, es la que hace el P. Javier Melloni S.J., en la breve ponencia “Éxodo, la interiorización con la imagen de Dios”, donde nos invita ir hacia nuestro propio interior para, como Paula, enfrentar nuestras esclavitudes provocadas por nuestros propios faraones interior y exterior, de los cuales es necesario liberarnos, pero que van a implicar todo un proceso de paso por el desierto y la tentación.
Salir de Egipto fue un comienzo, y la llegada a la tierra prometida también.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara
-padilla@iteso.mx-
“Éxodo, la interiorización con la imagen
de Dios” con Javier Melloni

@arquimedios_gdl

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