upc4

Humberto Castillo

Pastoral del deporte

Estamos muy sensibles con nuestros hermanos que vivieron esta desgracia en días pasados y sobre todo la manera  cómo se dieron los hechos que está por demás recordarlos y recapitularlos.

Lo más lamentable que todos vimos, es que  a través de un deporte tan hermoso, como es el futbol, se desvirtúe y lo tomen de pretexto para fomentar y plasmar toda una cultura  anti valores humanos y que va en contra de la ética humana y el querer de Dios.

Recordemos que el futbol, al igual que cualquier deporte, tiene una finalidad humana muy loable que es la competencia sana y que ayuda a poner todas sus cualidades al servicio de un fin colectivo ( los deportes de conjunto) que lo hacen basándose en reglas escritas y no escritas, sabiendo desde el inicio que habrá un ganador y un perdedor.

El futbol es pasión desde el punto de vista que disfrutamos hacer ese deporte, nos gozamos al practicarlo, nos alegramos al ganarlo y nos entristece al perderlo, pero siempre teniendo en cuenta que sólo es un deporte y si es en competencia, es sólo un partido.

FUTBOL Y EMOCIONES

Cuando jugamos dentro de un partido y lo hacemos dentro de una competencia, nos preparamos para obtener un buen resultado, planeamos todo y cuando realizamos bien nuestra planeación y ganamos, nos llenamos de felicidad y cuando perdemos, nos duele porque nos falló algo o no tomamos en cuenta otros elementos, pero eso nos ayuda a ser mejores cada día.

Hablando desde el aspecto de aficionado y seguidores de algún equipo, en este caso concreto del futbol, podemos tener pasión cuando disfrutamos ver a nuestro equipo en la cancha, nos deleitamos viendo que ganan, nos entristece cuando pierden y muchas veces, las formas de jugar que realiza nuestro equipo, nos suscita sentimientos de alegría, felicidad, satisfacción, pero también de dolor, coraje, frustración, etc. Esto es porque nos apasionamos con el futbol y es normal.

Cuando esta pasión se convierte en algo negativo es cuando después del partido, ya sea horas o días, esos sentimientos aún los conservamos y en cualquier momento lo manifestamos, por ejemplo si mi equipo perdió, estaré enojado, intranquilo, en mi hogar, en mi escuela, en mi trabajo y este repercute en nuestra vida ordinaria.

Por otra parte, no le damos el justo valor al deporte cuando todo el tiempo estamos pensando en él, eso provoca un fanatismo que puede suscitar darle un valor elevado a lo que no tiene el futbol,  esto es, cuando comúnmente decimos que se desbordó la pasión.

Cuando se desborda la pasión, nos dejamos guiar por el sentimiento que es un factor que puede provocar violencia, por ejemplo, cuando mi equipo gana, voy a burlarme del adversario y si también el otro se guía por los sentimientos, le da mucha importancia a la burla y esto puede derivar en violencia, ahora si lo trasladamos a las porras, vemos los resultados que vimos en el estadio de Querétaro.

El futbol debe ser pasión y disfrutarse al máximo, tanto como jugador y como seguidor, pero cuando termina el partido, allí debe termina nuestro rol. Nunca el deporte, bien llevado, va terminar en violencia, porque es para fortalecer el carácter y contribuir al crecimiento que nos lleve a ser mejores personas. 

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.