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DIMENSIÓN DIOCESANA DE PASTORAL DEL ADULTO MAYOR

“La alegría de la resurrección ha conmovido tu corazón y te ha unido de modo nuevo a los discípulos, destinados a convertirse en familia de Jesús mediante la fe (Spe Salvi 50).”


En la vida y la espiritualidad cristiana, todos tenemos en el horizonte de nuestra fe la imagen de María, como Madre de la esperanza, como estrella del mar que da puerto seguro a los navegantes, y en este sentido, como estrella de la nueva evangelización. El Papa Benedicto XVI, en la encíclica Spe Salvi, sitúa a María como signo de la esperanza por ser modelo para todos nosotros, Ella, que vivió la esperanza
desde el misterio de Cristo y la promesa del Padre, se convierte en un ejemplo claro de ser una escuela viva, donde se aprende y se ejercita la esperanza.
Podríamos recorrer todos los misterios de la mujer y madre, que vivió en el silencio los destellos de luz, de gloria, de gozo y de dolor, que se recitan en la contemplación del Rosario, mostrando las actitudes del aprendizaje y las acciones de las vivencias en torno a la acción salvadora del Hijo.

El autor del tema cinco, de la cuarta Semana del Adulto Mayor, introduce a una reflexión donde invita a recordar las experiencias de esperar; es decir, aguardar con paciencia y con anhelo porque se promete algo mejor, y desde esta actitud contemplar a María, en su esperanza siempre unida a la acción salvífica de su Hijo, por lo que ésta, no pude ser otra, que la esperanza mesiánica, que es la misma que esperaba el pueblo de Israel, la venida del Rey, del Mesías salvador, cumplimiento de la esperanza.

Uno de los aspectos que se puede observar es que, dentro del proyecto de salvación, las acciones de María no son acciones para sí, sino que son acciones para llevar a los demás a este proyecto de
salvación, de tal forma que la esperanza de María converge con la esperanza de los Apóstoles y los discípulos en el misterio de la cruz; ambas son impulsadas a continuar más allá de la cruz, una es
motivada a abrirse a la maternidad de la Iglesia y la otra a ser fortaleza al aceptar a la madre del Maestro.

El autor distingue la gracia en María y la gracia del hombre. En María tiene su fundamento en su gracia, como don especial, ya que, al ser preservada del pecado, se convierte en esperanza de purificación para toda la Iglesia. Y en los hombres es la redención. En este sentido, en lo que en María es preservación,
en nosotros es redención. Que al final de cuenta ambas son gracia de Dios y su efecto es igual en el único
proyecto de salvación.
Este tema busca salir de una piedad vacía, o solo emotiva por María, manifiesta a Jesús a través de las acciones y actitudes de Ella, que proclama y da a conocer al Verbo Encarnado. Recordando que la auténtica espiritualidad es aquella que con sus frutos da esperanza, y la verdadera devoción a María
nos lleva a la renovación de la fe y al compromiso cristiano.
Finalmente, esta reflexión vislumbra a María como el reflejo del sol que nace de lo alto, estrella de la esperanza y que, al igual que ella, estamos llamados a ser reflejo de Dios en nuestra propia vida y para los demás; es por ello que los adultos mayores son llamados a servir en la comunidad mediante acciones
que cultiven el amor en el otro.

@arquimedios_gdl

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