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ALFREDO ARNOLD

El movimiento político que conocemos como Cuarta Transformación fue designado con un nuevo nombre durante el discurso que dirigió el Presidente Andrés Manuel López Obrador al finalizar la marcha del pasado 27 de noviembre: “humanismo mexicano”.

Bien sabido es que nuestro Presidente es muy dado a los símbolos, a la historia, a la trascendencia y a la hipérbole. Constantemente se refiere, por ejemplo, a las culturas prehispánicas de Mesoamérica como “las mejores del mundo”, o al aeropuerto Felipe Ángeles como “el más bonito del mundo”. En esta ocasión, también ha magnificado el término “humanismo” para identificar su estilo personal de gobernar.

Hablar formalmente de humanismo implicaría la construcción de un cuerpo sólido, consistente y organizado de ideas, que en este caso no existe, si bien hay programas de gobierno que muestran el lado social del régimen, como los programas sociales o slogans como “primero los pobres”, que indicarían una tendencia, aunque eso no construye una corriente filosófica, menos de índole humanista si constantemente denuesta al periodismo, a intelectuales y a quienes no coinciden con él en lo político.

Una apretada definición nos dice que el humanismo “afirma la dignidad humana, el carácter racional y el fin del hombre; enfatiza la libertad y la capacidad para transformar la historia y la humanidad”. Es decir, no divide ni radicaliza; por el contrario, concita.

De hecho, el humanismo como corriente filosófica –y la propia filosofía– ha perdido fuerza ante el vertiginoso avance de la tecnología. El pragmatismo es el nuevo paradigma del mundo.

A finales del siglo XIX y durante el primer tercio del XX floreció el humanismo mexicano. Uno de sus exponentes fue José Vasconcelos, quien a pesar de haber trabajado con el gobierno revolucionario de Obregón y haber sido candidato independiente a la presidencia, desarrolló una actividad intelectual importantísima como rector de la Universidad Nacional de México y como primer titular de la Secretaría de E d u c a c i ó n Pública, desde donde llevó la educación a pueblos y zonas rurales a través de las Misiones Culturales.

El tema del humanismo mexicano nos anima a hablar un poco de Vasconcelos, quien sí creó una filosofía humanista, incluso para toda Hispanoamérica, no solo para México. Afirma Anastasio Sosa Ramos, investigador mexicano, que “José Vasconcelos proyectó dotar a su país de un sistema educativo y de un marco cultural adaptado a las circunstancias nacionales, abierto a todos. Siempre consideró que la cultura es un mecanismo reivindicador de la raza, y creyó en el mexicano que puede conquistar el espíritu”, y añade que con su obra “enlazó a Hispanoamérica en una gran patria”

Maestro de la Juventud y Maestro de América, fueron algunos títulos que le dieron junto con numerosos doctorados honoris causa al creador del lema de la Universidad Nacional: “Por mi raza hablará el espíritu”.

Un enorme mérito de Vasconcelos es que su convicción humanista no excluyó el valor de la ciencia. “El deber del filósofo es unir el saber científico-empírico con el saber humanista, estético y divino”, y para ello propuso la necesidad de construir un nuevo tipo de hombre, una nueva raza, la “Raza Cósmica”.

La obra del filósofo oaxaqueño se puede entender leyendo dos de sus principales libros: “Ulises Criollo” y “La Raza Cósmica”, pero su producción bibliográfica es muy extensa.

*El autor es LAE, diplomado en filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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