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Sergio Padilla Moreno

En el texto del Evangelio de san Mateo que narra la Epifanía del Señor hay un detalle que nos puede pasar desapercibido, pues solemos centrar la mirada en los Magos de Oriente: me refiero a las actitudes de Herodes. El texto nos habla de varias cosas que pasaron en el rey: primero, se sobresalta al escuchar que los Magos están presentes en Jerusalén para adorar al Rey de los judíos. Luego convoca a los sabios de la corte y les consultó sobre el lugar donde, según las profecías, nacería el Rey. “Entonces, Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y les mandó a Belén, diciéndoles: ‘Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo’” (Mateo 2, 3-8).

Paradójicamente, siguiendo la lógica narrativa del texto, fue Herodes quien terminó por darles a los Magos la información del lugar donde habría nacido el Rey de los Judíos. Pero podemos claramente intuir su pérfida intención cuando –imaginándonos su cara de hipócrita inocencia– les pide que le avisen para “ir también a adorarle”. Una vez que los Magos encontraron al Niño Jesús, reciben un aviso en sueños para que se marcharan a su tierra por otro camino. El texto evangélico nos sigue mostrando las reacciones de Herodes, pues el rey se sintió burlado por los Magos, se puso furioso y mandó matar a los niños menores de dos años nacidos en Belén, por cierto, actual zona de Palestina. Otra consecuencia fue que obligó a la Sagrada Familia a emigrar a Egipto.
En medio de todo, entre las muchas actitudes de Herodes que nos presenta el evangelista Mateo, pongo el acento en su hipocresía al mostrar su presunto interés por el Niño, el cual, seguramente, no causó mayor sospecha a los Magos hasta que fueron advertidos de volver por otro camino. Así es como opera la hipocresía, la cual es definida por la RAE como “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a lo que verdaderamente se tienen o experimentan”.
La hipocresía, propia y de los demás, es una dimensión humana que no es tan fácil detectar, pues es un modo de mentira muy sutil que sale de lo más hondo del corazón. El propio Jesús fustigó constantemente la hipocresía y la falsedad que acarrea, pero nos dio la clave para detectarla: “por sus frutos los conocerán” (Mateo 7, 20).
Hoy, gracias a las redes sociales y la enorme circulación de información de todo tipo, la hipocresía se
ha instalado como un terrible mal de nuestro tiempo.

Muchas veces se apodera de nosotros el mal corazón de Herodes y pretendemos, conscientemente, dar una imagen falsa que provoca mucho daño a nosotros mismos y a los demás. Son tiempos en que es necesario y urgente discernir, con mucho cuidado, la imagen y las palabras que damos y que recibimos para que, desde la pureza del corazón, la verdad brille y nos permita construir un mundo mejor.

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara padilla@iteso.mx
Predicador del Papa: «Bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios»
https://es.zenit.org/2007/03/09/predicador-del-papa-bienaventurados-los-puros-de-corazonporque-veran-a-dios/

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