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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El próximo 27 de septiembre México cumplirá 202 años de existir como país oficialmente independiente.
En este periodo de tiempo hemos tenido 60 presidentes, ¿cómo saber cuál ha sido el mejor?
La calidad de un presidente se mide por dos parámetros principales, el bienestar integral que ha generado para el conjunto de la sociedad y la trascendencia de sus acciones en beneficio de la propia nación, al margen de partidos o ideologías.
También las circunstancias históricas en que le toca vivir y el modo en que lidera su manejo abona o demerita la acción de un mandatario, por ejemplo, a la hora de enfrentar una amenaza extranjera, o un movimiento de disolución interna que pone en riesgo a la comunidad o a sus estructuras políticas y sociales.
En una sociedad compleja, diversa, llena de contrastes y de fuerzas que se mueven en todas direcciones, importa mucho la capacidad del líder para mantener el equilibrio de esas naturales contradicciones, a fin de que no se salgan de cauce y produzcan inestabilidad, crisis sociales o revueltas.
Esta misma realidad puede generar eventualmente golpes de estado, que en todas partes son ruinosos para cualquier país, tener la suficiente habilidad para neutralizar ese tipo de contingencias, habla también de la calidad de un presidente.
La buena administración de los recursos es de la mayor importancia, ya que estos lo mismo se pueden dilapidar torpemente, que invertir de manera visionaria. Igual, pueden ser objeto de robo en un carnaval en el que robar se puede si se deja que todos lo hagan en el nivel donde se hallen. Los salarios excesivos, las prestaciones desmesuradas, los estilos de vida lujosos a expensas del erario, el nepotismo y otras grietas del techo financiero perpetradas por la autoridad devalúan a cualquier presidente.

Sin duda que administrar los bienes es un asunto, generar las condiciones para que esos recursos se sigan produciendo es otro de no menor importancia, hay muchas decisiones de gobierno que pueden ayudar a crecer a un país o arruinarlo, ¿ya olvidamos el error de diciembre? También hay condiciones que no dependen de los presidentes, por ejemplo, un escenario de inflación global que encarece la vida de todos a causa de situaciones fuera del control de éste o de aquel país. Endeudar a una nación o a un estado, eso sí que es decisión de los poderes ejecutivos. Importan igualmente las actitudes y los valores, pues de un personaje público se espera una forma de vida ética, al menos de acuerdo a los valores universalmente admitidos.
No resulta fácil evaluar a un presidente, son muchos los parámetros que deben analizarse antes de proferir juicios viscerales que condenan o canonizan; por regla común, debe dejarse pasar un buen tiempo para poder valorar el ser y la actuación de un mandatario, a no ser que incurra en acciones positivas o negativas tan claras y evidentes que no haya necesidad de esperar el paso de los años.

armando.gon@univa.mx

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