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Ignacio Román Morales

Aristóteles decía que el ser humano es un “animal político”. Esto significa que nadie es capaz de producir por sí mismo la gran mayoría de los artículos y servicios que necesita para vivir. Por lo tanto, cada uno de nosotros requiere del trabajo de la gente de gran parte de todo el planeta para solventar sus necesidades.

En la actualidad, la mayor parte de eso que requerimos del mundo, lo obtenemos mediante lo que llamamos “el mercado”. A cambio, debemos de proporcionarle a éste el producto de gran parte lo que hacemos, inclusive nuestra propia capacidad de trabajar, nuestra fuerza de trabajo.

Una economía de mercado se define como aquella en la que obtenemos lo que necesitamos del mundo a través de intercambios, en los que compramos y vendemos a cambio de dinero, fijándose una cantidad a la que denominamos precio.

Vivimos en un mundo en el que parecería que todo se puede comprar y vender, desde lo que encontramos en la tienda de la esquina hasta la dignidad humana o las riquezas naturales más preciadas. Centrémonos en un mercado: el de la salud.

En realidad, no se puede comprar y vender salud. Se compran y venden los bienes y los servicios que inciden en ella. La compra de comida chatarra implica la adquisición de productos que dañan nuestra salud, el adquirir productos que nos conducen a llevar una vida profundamente sedentaria, también la afecta (aunque sea necesario por el tipo de vida y especialmente de trabajo que llevamos), la forma en la que trabajamos para obtener nuestros ingresos, igualmente repercute.

México es un país con una enorme concentración del ingreso y de la riqueza: si nuestra posibilidad de cuidar la salud depende del mercado, entonces pocos tendrán una gran posibilidad para estar prevenidos y para enfrentar circunstancias difíciles, mientras que para muchos esto es un sueño difícil de alcanzar.

En particular, México es un país con una baja disponibilidad de médicos con respecto al tamaño de su población. Con 23.8 médicos por cada 10,000 habitantes (Anuario OMS 2020), estamos en el lugar 64 a nivel mundial. En cuanto a personal de enfermería es mucho peor, estamos en el lugar 111, por debajo del promedio de cualquier región sanitaria del planeta.

Con estos datos resulta inicialmente difícil explicarnos por qué se forman tan pocos profesionales médicos. La carrera de medicina tiene la fama de ser la más difícil para poder ingresar. La respuesta es sencilla: la inversión en servicios de salud ha sido históricamente baja, especialmente en los entornos con menos recursos económicos. No se necesitan más médicos, no porque la población no los requiera, sino porque no existe el dinero para financiar lo que se requiere invertir para atenderla, comenzado por la propia formación de profesionales.

Parecería que los mercados nos inducen a formas de consumo, de transporte, de trabajo y, en general, de vida que nos enferman cada vez más, o que nos colocan en situaciones más vulnerables, al tiempo que la infraestructura y la disponibilidad de profesionales para atendernos es cada vez más insuficiente.

Resulta aún más doloroso que se ubique como una potencialidad para México el desarrollo del “turismo médico”. Como el costo particular de atención es menor que en los Estados Unidos, es atractivo en términos de negocio, establecer grandes centros hospitalarios privados en dónde la atención de calidad sea muy rentable y simultáneamente más barata que en nuestro vecino país. Esto se vuelve un gran atractivo para orientar el “mercado de trabajo médico” hacia dicho turismo y hacia los sectores de altos ingresos.

Por si fuera poco, las regiones más pobres están más afectadas por carencia de equipamientos, aislamiento de los profesionales de la salud que ahí se encuentren y mayor inseguridad. El resultado es una mayor precariedad o abandono de la salud en tales regiones.

En contraste, el país latinoamericano con mayor densidad de profesionales médicos con respecto a su población, es Cuba. ¿Realmente es absurdo establecer un acuerdo con ese país, en el que 500 médicos altamente preparados se vayan a trabajar a las regiones más pobres e inseguras de México, como la región de la montaña en Guerrero? ¿Es igualmente absurdo el plantearse que ante la escasez de infraestructura médico educativa en México, se acuerde un amplio programa de becas para que médicos mexicanos vayan a especializarse en un país latinoamericano cercano, qué sí tiene tal infraestructura?

Sí, en términos de mercado es absurdo.  No lo es sólo si consideramos que la vida de cualquier ser humano es más importante que el contenido de su cartera.

iroman@iteso.mx

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