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Sergio Padilla Moreno

Una de las cosas que más son de admirarse es el proceso por el que las y los artistas crean sus obras. En materia musical, por ejemplo, es sabido que Wolfgang Amadeus Mozart componía prácticamente de primera intención sus obras, pues muchas de ellas las elaboraba en su mente y luego simplemente las escribía en papel pautado. En contraste, Ludwig van Beethoven tardaba mucho en componer una obra, cosa que sabemos por testimonios de sus contemporáneos y por la cantidad de manuscritos donde el propio compositor borraba, replanteaba o enriquecía las ideas musicales y estructuras de sus obras. Si nos adentramos a las biografías de artistas de campos como la pintura, la literatura, la escultura, el cine, etcétera, vemos que hay tantas maneras y modos de crear que no podríamos establecer un denominador común que diera pie a una especie de metodología para la creación artística.

Es entonces que vale la pena leer un invaluable documento que fue escrito por Stefan Zweig (1881-1942), quien se acerca, desde su experiencia y perspectiva, al proceso de creación artística. Antes hay que decir que este escritor austriaco nos dejó un número significativo de novelas, obras histórico-biográficas, además de ensayos de gran profundidad y belleza como, entre otras, “Veinticuatro horas en la vida de una mujer”, “Novela de ajedrez” y “Carta de una desconocida”. Respecto al tema del proceso de creación, Stefan Zweig dio una magnífica conferencia en Buenos Aires, Argentina, en 1938, titulada “El misterio de la creación artística”, que está publicada como ensayo. A lo largo de ella, el escritor se adentró en el “misterio” que implica el que hombres y mujeres hayan podido crear obras que trascienden el tiempo y la cultura. Él se pregunta: “¿Cómo puede suceder tal milagro en nuestro mundo, que parece haberse tornado tan mecánico y sistemático? […] ¿”Cómo podía un hombre igual a mí, un simple mortal, formar esa obra inmortal con unos pocos colores, con unas pocas notas, con unos cuantos centenares de palabras? ¿Qué sucedió en su interior en esas horas de la creación y cuán misteriosas deben de ser esas horas?”

Continúa cuestionándose Zweig: “¿Podemos imaginarnos lo que ha acontecido en el alma de un Shakespeare, de un Cervantes, de un Rembrandt, mientras creaban sus obras imperecederas? A ello puedo contestar rotundamente: No, es imposible. No podemos imaginárnoslo.” Sabiendo lo complejo de dar respuesta a las preguntas, el escritor se adentra en el tema y propone varias cuestiones que no trataré aquí para invitar al amable lector a buscar y leer el documento, el cual se puede conseguir fácilmente tanto en papel como en versión electrónica.

Stefan Zweig termina su ponencia diciendo: “Cuanto más nos esforzamos por profundizar en los misterios del arte y del espíritu, tanto más los admiramos por su inconmensurabilidad. No tengo yo noticias de deleite y satisfacción más grandes que reconocer que también le es dado al hombre crear valores imperecederos, y que eternamente quedamos unidos al Eterno mediante nuestro esfuerzo supremo en la tierra: mediante el arte.”

El autor es académico del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara – padilla@iteso.mx

Tres novelas de Stefan Zweig I Recomendación

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