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Jaquelina Velasco Monterrosas

“Las mujeres, tienen un papel fundamental en la transmisión de la fe y constituyen esa fuerza cotidiana que lleva adelante la sociedad y la renueva. No reduzcamos el compromiso de las mujeres en la Iglesia, sino que promovamos su participación activa en la comunidad eclesial. Si la Iglesia pierde a las mujeres en su total y real dimensión, la Iglesia se expone a la esterilidad”, Papa Franisco (Encuentro con el Episcopado Brasileño, Rio Janeiro, 27 de julio de 2013).

Estas fueron las primeras palabras que el Pontífice actual refirió respecto al papel de la mujer en la evangelización y unos días después, en el vuelo de regreso a Roma, reafirmó a los periodistas que era necesario hacer una profunda “teología de la mujer”. A lo largo de los siete años de pontificado ha insistido en dicha tarea con acciones concretas, sin desaprovechar los momentos oportunos para hablar de la figura femenina desde diferentes perspectivas.

El Papa Francisco ha trabajado en continuidad con sus predecesores, es consciente de la necesidad de una presencia femenina más incisiva en la Iglesia, así como en las estructuras sociales que menciona en su primera exhortación apostólica: “El genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales” (Evangelium Gaudium, n.103).

Así, ha dado pauta a la colaboración más cercana de mujeres en comisiones de la Iglesia, buscando inclusión en cada una de sus posturas para lograr que germinen sus carismas. En enero pasado, el nombramiento de la Dra. Francesca Di Giovanni, como la nueva subsecretaria de la Sección para las Relaciones con los Estados, ha causado gran sorpresa pues es la primera vez que una mujer ocupa dicho puesto. No se trata de pensar que fue elegida por el hecho de ser mujer, sino que en este gesto hacia las mujeres manifiesta su confianza, sabiendo que es sumamente capaz para tal cargo y que su ser mujer puede aportar a dicha tarea.

El Santo Padre insiste en la importancia del “genio femenino” con un auténtico rol en todas las expresiones de la vida social, ofreciendo enfoques nuevos y afrontando los retos de la actualidad. Nos invita a no abandonar estos rasgos que nos caracterizan con el fin de lograr tomar cargos o funciones de los hombres; hemos de recordar que antes somos madres, hijas, esposas que fuimos creadas a imagen y semejanza de Dios. Subraya que “(la) mujer tiene una sensibilidad especial para las «cosas de Dios», sobre todo en ayudarnos a comprender la misericordia, la ternura y el amor que Dios tiene por nosotros”. (Discurso a los participantes en el seminario organizado por el Consejo Pontificio para los laicos con ocasión del XXV aniversario de la “Mulieris Dignitatem”, 12 de octubre 2013). Es necesario que esta feminidad la dejemos brotar con toda su dignidad y nobleza.

Por otro lado, el Papa no ha dudado en alzar la voz sobre la violencia femenina, mencionó que “toda violencia infligida a la mujer es una profanación de Dios” como parte de su homilía del día primero de enero de este 2020 y añadió: “Cuántas veces el cuerpo de la mujer se sacrifica en los altares profanos de la publicidad, del lucro, de la pornografía, explotado como un terreno para utilizar. Debe ser liberado del consumismo, debe ser respetado y honrado”. Preocupado por este tema en particular, en repetidas ocasiones el Papa ha señalado que estamos llamados a cuidar de la persona con responsabilidad moral, sobre todo en aquellas situaciones más vulnerables de violencia y abuso.

Todas estas palabras que el Papa Francisco ha dado a las mujeres nos deben servir de inspiración y aliento para empezar por un autoconocimiento y un crecimiento humano; y así tomemos está invitación a trabajar y ejercer nuestro papel, que no puede ser otro que el de “Ser” y aportar eso a la Iglesia, a la sociedad y a nuestras familias. Debemos superar los prejuicios culturales y las estructuras mentales, incluso propias, para que a la luz del magisterio y del Evangelio, tengamos un crecimiento humano y una valorización de la feminidad. Finalmente, todos en la Iglesia estamos llamados a caminar juntos, trabajando para erradicar cualquier forma de discriminación, violencia o explotación, siendo conscientes que hombre y mujer tienen papeles insustituibles y complementarios para la construcción de la sociedad y de la iglesia.

@arquimedios_gdl

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