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ROMÁN RAMÍREZ CARRILLO

La migración conlleva una serie de retos, por parte de las familias, para mantener los vínculos afectivos y familiares con el papá que migró, que origina que se vayan recomponiendo las relaciones afectivas y de autoridad entre los integrantes de la familia y los hijos, con la finalidad de adaptarse y seguir funcionando como familia en el contexto de la migración.

LAS HISTORIAS ORALES IMPULSAN A MIGRAR
Para los sociólogos de la migración y la Pastoral del Migrante en México, un papá que emigra recibió y se le transmitió la ilusión del sueño americano a través de historias orales, como una alternativa de mejorar económicamente ante las dificultades, la violencia y la pobreza.
Llega un momento, en la vida de la familia en que, ante la situación social, el papá decide migrar. Con el ideal socialmente construido del “sueño americano” decide buscar mejores condiciones de vida.
Salen los papás del hogar y de las comunidades en condiciones adversas y muy limitadas para cruzar el río, el desierto, los muros, las políticas migratorias; con el riesgo constante de perder la vida, y bajo la amenaza constante del crimen organizado y de las autoridades migratorias corruptas.

Pero en sus mentes de papá, está la idea de proveer, aguantar y llegar. Idea que siempre está presente, pues de esa manera podrá ser “buen padre”.
Para los psicólogos, ésta es la base de su resiliencia.

LA REALIDAD DEL DÍA A DÍA
Mientras se vive en el extranjero, aparece el miedo de ser deportado por no ser ciudadano norteamericano, de ser indocumentado. Esto representa en los padres migrantes un temor constante; pero también el enfrentar las dificultades en los trabajos que violentan su persona, siendo humillados e inclusive discriminados por su condición de “mojados”.
Desde las propias experiencias vividas, los papás asumen que trabajan en condiciones poco seguras, con horarios de más de doce o dieciséis horas al día, con sueldos muy bajos. Con mala alimentación e hidratación, porque para aguantar largas jornadas, toman bebidas energizantes, alcohólicas o drogas.
Duermen menos para trabajar más, con actividades laborales repetitivas, expuestos a los rayos del sol, a químicos y contaminantes que marcan la condición de salud–enfermedad de los papás migrantes.

El ejercicio de su paternidad se da al comunicarse con sus hijos e hijas y con su pareja, con llamadas telefónicas de cabina a cabina, o por celular, por video llamada, y el envío de mensajes y fotografías, a través de las redes sociales.
De esa manera, conocen a sus hijos e hijas, su crecimiento y las actividades que realizan.
Pero otros papás no llaman a sus familias por temor de que las lágrimas de su hija o hijo o esposa los hagan abandonar su proyecto migratorio. Consideran, por otra parte, que el ejercicio de su paternidad es el envío de remesas, ya sea para pagar deudas, colegiaturas, alimentos o compra de materiales de construcción. Los papás migrantes mexicanos son los mejores “metedólares”, según el economista Ignacio Román Morales, y por esa vía se llegan a captar alrededor de 60 mil millones de dólares, lo que significa el 6 por ciento del PIB.
EL REGRESO
Un papá migrante que regresa tras décadas de ausencia física de sus hogares y de sus comunidades, muestra distintas realidades. Están los papás migrantes que retornan después de cumplir el sueño americano, al darles una carrera universitaria a sus hijos e hijas, hacerlos hombres o mujeres de bien, quienes también son migrantes, profesionistas y padres o madres, el pago de deudas adquiridas, o el ahorro o instalación de un negocio familiar o haber terminado de la construcción de la casa. Algunos tienen participación activa en la toma de decisiones de su comunidad rural, y se convierten en presidentes municipales, o comisarios ejidales o mayordomos.
Y están también los otros regresos que encuentran el abandono y la soledad. Son los papás migrantes que no se comunicaron con sus familias, o que regresan con enfermedades crónico-degenerativas, sin redes familiares para su atención cuidado, algunos de ellos deportados o que se regresaron porque ya no podían costear su vida, con sus cuerpos enfermos.
Para la Pastoral del Migrante, es necesario seguir recuperando las experiencias de vida en la voz de los papás para dar cuenta de las vulnerabilidades migratorias que den sustento para la generación de políticas públicas gubernamentales y la construcción de un mundo social más justo e igualitario.

@arquimedios_gdl

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