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Pbro. Efraín Gutiérrez Rodríguez

El pasado jueves 19 de septiembre, en las comunidades de la costa de Colima, Jalisco y Nayarit se vivió una jornada intensa por el paso del huracán Lorena.

En las comunidades de nuestra diócesis de Autlán, desde Cihuatlán hasta Cabo Corrientes, hubo algunas afectaciones serias, pero gracias a Dios sin pérdidas humanas qué lamentar. Los sacerdotes de las comunidades más afectadas estuvieron al tanto de las necesidades de las personas y ellos comparten su experiencia en este día.

En Cihuatlán hubo pérdidas en cultivos sobre todo de plátanos, debido al viento que se sintió muy fuerte y a la abundante agua; hubo deslave en los cerros y algunas casas afectadas por inundaciones.

El Padre Cruz López, párroco de la comunidad de La Manzanilla, municipio de La Huerta comentó que las personas estuvieron prevenidas ante el huracán, siguiendo las indicaciones de las autoridades. Sólo se afectaron las redes eléctrica y telefónica, que no tardaron mucho en reestablecer.

Templos afectados por el huracán.

El Padre José Ibarra, párroco en la comunidad de Morelos, municipio de Tomatlán, comentó que las personas de la costa, aunque pareciera que están ya acostumbrados a esos fenómenos, no dejan siempre de sorprenderse. En algunas comunidades que atiende, el huracán hizo afectaciones, sobre todo a la comunidad de Chamela, donde se desbordaron los ríos cercanos inundando la gran mayoría de las viviendas y la comunidad de Campo Acosta que tiene una parte baja que se vio afectada. En la comunidad de Morelos también hubo estragos, y algunas personas recibieron asilo en los albergues. Hubo afectaciones y pérdidas en vehículos, pertenencias, cultivos, caminos incomunicados y algunos sufrieron pérdidas en sus ganados.

En el municipio de Cabo Corrientes también hay afectaciones, sobre todo en las comunidades cercanas del mar, cortándose algunos caminos, derrumbe y deslave en cerros. Gracias a Dios, como se menciona al principio, en territorio de nuestra diócesis no hubo ninguna pérdida humana qué lamentar.

El Obispo Rafael Sandoval Sandoval estuvo al tanto, y pronto tuvo conocimiento de las comunidades más afectadas de nuestra Diócesis. Comentó que las autoridades municipales han estado colaborando de manera efectiva y las capillas han servido de refugio o albergue en las comunidades, aunque algunas sufrieron también inundaciones. Agregó que se realizará una colecta a nivel diócesis para ayudar a las personas más necesitadas, se hará un donativo por parte de la economía diocesana, habrá recolección de víveres, entre otras actividades en favor de los damnificados. Pidió que como Iglesia nos solidaricemos para ayudar a las personas más desprotegidas. “Nos unimos con el gobierno, porque somos dos instituciones al servicio del pueblo”.

Reconoció la cercanía de los sacerdotes con la gente: “Los problemas no solo son materiales, sino también en nuestra gente; hay angustia, tristeza, soledad, etc. la gente de la costa es gente de mucha fe, siempre se toma de la Mano de Dios. No somos la solución a todos los problemas, pero sí nuestra cercanía con la gente es importantísima. Sufrir con el que sufre, reír con el que ríe y estar siempre con ellos, porque somos un solo cuerpo”.

@arquimedios_gdl

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