upc4

LA PALABRA DEL DOMINGO Juan López Vergara

El pasaje del Evangelio que nuestra madre Iglesia participa hoy, abraza dos parábolas de la semilla reveladas por Jesús, que resaltan el papel primordial de la acción de Dios en el crecimiento del Reino, es decir, de su proyecto. Y su proyecto divino respeta siempre el tiempo como componente esencial de la vida necesario para el crecimiento, con la confianza de que frutificará sin que nos demos cuenta (Mc 4, 26-34).

EL PROYECTO DIVINO ENLAZA EL ORIGEN DE SU CRECIMIENTO Y NUESTRO TRABAJO
La parábola de la semilla que crece por sí misma es propia de Marcos. Mateo y Lucas no la incluyeron, ¿será que la considerarían muy riesgosa?, pues en ella Jesús asegura:

“El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano a la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha” (vv. 26-29).

No son los hombres los que dan fuerza al Reino ni son sus resistencias las que pueden detenerlo. El Reino, es decir, el proyecto divino, lleva dentro de sí el principio de su crecimiento. Si bien, no hay una germinación que no requiera una duración, ni un fruto sin que medie un tiempo indispensable y, por supuesto, el trabajo oportuno del hombre quien siembra y en el momento de la siega mete la hoz.

LA MAGNIFICENCIA DEL REINO ESTÁ YA PRESENTE EN ESA PEQUEÑA SEMILLA
Enseguida, Jesús dijo una maravillosa parábola, que manifiesta su sentido en el contraste:

Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podemos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar en su sombra” (vv. 30-32).

El acontecimiento del Reino tiene comienzos imperceptibles. El contraste se establece entre la humildad del punto de partida: un pequeño grano, y la magnitud del punto de llegada: el árbol. La magnificencia del Reino, o sea del proyecto divino, está ya presente en esa pequeña semilla, es decir, en la vida y en la predicación de Jesús y, ahora, en la vida y en la predicación de la Iglesia.

LLAMADOS A SEMBRAR LA PALABRA
Jesús, el gran pedagogo, Maestro de Vida, hablaba en parábolas, por ser un lenguaje didáctico, abierto a lo trascendente, que obliga a pensar, inquieta y compromete (véanse vv. 33-34). Es imposible hablar directamente del misterio del Reino, esto es, del proyecto divino, porque está más allá de nuestra experiencia. No obstante, hay que sembrar con ilusión y paciencia la Palabra, convencidos que es poderosa y se desarrollará paulatinamente.
Muy apreciables lectores, para actualizar el santo Evangelio del día de hoy, los invito a apreciar la hermosa lección de confianza revelada por nuestro Señor Jesús, justo, en el misterio del Reino, es decir, del proyecto divino, que crece y fructifica sin que nos percatemos.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.