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Hermanas y hermanos en el Señor:

Juan Bautista es el sonido que anuncia la presencia de la Palabra. Él es solo la voz, pero Jesús es la presencia.
Juan es el que prepara, el que dispone el corazón de los hombres para recibir al más grande que él.
Juan practicaba un bautismo de penitencia, de arrepentimiento, de cambio de corazón para recibir la Palabra salvadora, la Palabra de vida, que es Jesucristo. Este anuncio, esta promesa, esta presencia anunciada por Juan Bautista nos invita a cuestionarnos, nos lleva a “preparar un camino en el desierto, construir una calzada en el desierto”, para que pueda venir el Señor.
Nos invita a que dispongamos nuestro interior. Que ese desierto que, a veces, invade nuestro corazón vacío –porque se convierte como un desierto, donde no hay vida y no florece nada-, se convierta en camino transitable.

Nuestro corazón corre el riesgo de convertirse en un desierto que no produce amor, afecto, compasión, interés por los demás; de convertirse en un desierto de muerte.

Por eso necesitamos, para que Dios pueda venir, hacerle un camino, abrirle la posibilidad de que venga al desierto de nuestra vida y lo haga florecer, lo haga espacio de vida, de amor, de fraternidad, de reconciliación y de construcción de la paz.
Necesitamos abrirle el desierto de nuestro corazón para que Él venga a darle toda la plenitud de la vida.

¿Qué sentido tiene que celebremos la Navidad de muchas maneras (conviviendo con nuestros seres queridos, preparando comidas especiales, intercambiando regalos, haciendo adornos de luces y colores) si no acogemos el motivo más importante de la Navidad, que es recibir en la fe y en el amor a Jesús?

Él es nuestro salvador, el Hijo de Dios hecho hombre que viene a hacer de nuestros desiertos humanos terrenos fértiles de vida y de mucho fruto.
No nos equivoquemos al celebrar la Navidad, no la hagamos consistir en cosas aparentes, materiales, superfluas, vanas, que así como llegan se van, sin dejarnos nada positivo.
Que la Navidad sea verdaderamente un evento de encuentro. Preparamos el camino para que el Señor pueda venir a nuestro encuentro. Él no viene a otra cosa sino a salvarnos, a renovarnos, a hacernos criaturas nuevas. No viene a condenarnos ni a reprocharnos.
Es lo que nos dice Juan Bautista, porque va a llegar la Palabra poderosa, la Palabra que crea, que da vida, que renueva, que hace nuevas todas las cosas.
Esta Palabra nos invita a crecer en la esperanza de que Dios viene a salvarnos, pero también nos invita a disponernos, a hacer un camino en el desierto, a abrir una calzada, a levantarnos de nuestra apatía, a libertarnos de esas bajas que tenemos en nuestro ánimo.
Y también es tiempo de abajar las colinas de soberbia, de autosuficiencia, de vanidad, de orgullo, hacernos más humildes, para que el Señor pueda venir a nuestro encuentro y experimentar su salvación.
La figura de Juan Bautista sobresale también por su austeridad, por su forma de vestir y de comer.
El Señor quiere encontrar en nosotros la humildad que nos despoja de todo aquello que es soberbia y vanidad.
Entre más humildes y austeros, más eficaz será su salvación.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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