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PBRO. ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Cuando escuchamos o leemos las opiniones de todo tipo de personas, sea sobre política o sobre cualquier otro asunto polémico, nos queda la impresión de que los mexicanos tenemos una configuración biológica equivocada.
Ahí donde deberíamos tener puesto el cerebro, están las vísceras, y donde deberían estar las vísceras está el cerebro, por lo mismo nos es difícil pensar, pero en cambio fácilmente nos apasionamos y enervamos ante cualquier asunto, y como la conexión vísceras – boca es inmediata y directa, pues más que expresar ideaslo que hacemos es vociferar emociones y sentimientos, acompañados de alabanzas desproporcionadas o condenas absolutas.
Adicionalmente, debemos tener seguramente otro problema con la vista, ya que no somos capaces de enfocar lo que vemos, o nos parece demasiado pequeño o demasiado grande, y como no nos damos cuenta de que tenemos esa carencia, pues todo el tiempo partimos de una visión desproporcionada de la realidad, en este punto, tal vez a no pocas personas les pasa justamente lo mismo que a la raza canina, que solo pueden ver en blanco y negro, sin colores ni matices, en consecuencia lo que para unos es todo negro, para otros es todo blanco.
Por si fuera poco, a estas aparentes y posibles carencias se añade una imaginación singularmente viva y exaltada, que nos lleva siempre de la utopía al apocalipsis sin paradas intermedias, a este grupo pertenecen las personas que todo el tiempo están viendo el fin del mundo a la vuelta de la esquina, o todo les parece Disneylandia; en términos más cercanos, andan de Dinamarca a Venezuela, o dicho con más

claridad, unos ven a un México por completo destruido y otros lo ven transformado como jamás antes había estado.

Esta condición lamentable nos mantiene en el infantilismo social, nos impide llegar a desarrollar un pensamiento maduro, nos cierra las puertas a la verdad en cualquier campo, y nos hace seguir creyendo, a nuestra edad, que el Niño Dios trae juguetes, con la ayuda de los Santos Reyes y hasta de Santa Claus, o que el “Coco” se sigue comiendo a los que se portan mal, sin que haya poder en el mundo capaz de sacarnos de nuestra ingenuidad.

Por desgracia, nadie nos ha enseñado a pensar, y la gente que alguna vez tuvo la oportunidad de aprender lógica, es decir, aprender las reglas básicas para desarrollar un pensamiento objetivo, o ya no existen o ya se les olvidó. Igual debe estar pasando con quienes alguna vez aprendieron a distinguir pensamientos de sentimientos, imaginaciones de realidades.
Pero si en México no abundan los maestros del pensamiento, sí abundan los mercadólogos que, sabiendo el modo en que somos y reaccionamos, aprovechan nuestra condición para sacar raja en favor o en contra de quien sea si de por medio va un pago jugoso. Estas realidades vuelven complejo, revuelto y enmarañado el proceso mental que debería llevarnos a saber evaluar con objetividad a los nuevos candidatos y a sus propuestas.

armando.gon@univa.mx

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