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Pbro. Ernesto Hinojosa Dávalos

La semana pasada fue noticia internacional que los Obispos del estado de Guerrero, negociaron con capos de la mafia para llegar a un acuerdo y cesar la violencia que azota a la región. Más allá de los acuerdos, o no, que se hayan logrado, la verdadera cuestión es otra; los prelados se metieron a la cueva del lobo, arriesgando sus propias vidas para salvar al rebaño.
Si bien es cierto que la función de buscar la paz y el bienestar de las comunidades no le es ajena a la Iglesia, también lo es que no le corresponde como función procurarlos, sino que es una labor propia del Estado. En efecto, garantizar la seguridad y la paz de los ciudadanos es el cometido principal del Estado, es su primera y exclusiva labor, de la que se desprenden el desarrollo y progreso de la sociedad; es el pacto social que se ha establecido en la Constitución que da origen al Estado de derecho. Por lo tanto, en el estricto y expedito cumplimiento de las leyes, se garantiza la administración de la justicia, por lo que esta demanda propia de la condición política, exige de los servidores públicos se apliquen en la búsqueda de las diferentes formas para la aplicación de la ley y garantizar así la seguridad de los ciudadanos.
Dicho lo anterior, es triste constatar que mientras los Obispos arriesgan la vida por encontrar caminos de paz, por absurdo que parezca, las candidatas a la presidencia de la República se entrevistan con el Papa con la única intención de sacarse la foto y ganar adeptos para sus causas. Los Obispos deberían acudir con el Papa a buscar consejo ante la terrible situación de inseguridad que atraviesa el país, y las candidatas deberían estar verdaderamente ocupadas en encontrar soluciones a dicho problema; pero no, es al revés.

Mal augurio para el país cuando los que deberían ocuparse del Estado, se entretienen buscando subir en las encuestas como objetivo de campaña, mientras el país arde por la delincuencia organizada.

El servicio público, como resultado de la actividad política, es “una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común”, afirma el Papa Francisco (Evangelii gaudium, 205).

Es necesario que la ciudadanía exija a las aspirantes a la máxima magistratura del país algo más que encabezar las encuestas, se necesita exigir verdaderas respuestas ante un problema por demás apremiante, sólo el clamor popular hará que los políticos bajen de su nube y pongan soluciones viables y realistas a los problemas acuciantes de la nación. Exigir a los gobernantes es una obligación de los ciudadanos. No está por demás la observación que hace el Papa Francisco sobre los buenos políticos, aquellos que toman el servicio público como una vocación: “La grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios pensando en el bien común a largo plazo” (Fratelli tutti, 178). Démonos a la tarea de involucrarnos más en la vida pública y esperar menos de los de siempre.

@arquimedios_gdl

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