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Hermanas y hermanos en el Señor:

En este tiempo de Pascua, hay una continuidad de la presencia de Cristo resucitado en medio de nosotros para darnos vida, realidad de la que nos ausentamos y, por lo tanto, nos alejamos de la posibilidad de encontrarnos con Él, domingo a domingo. Él siempre está ahí, y esto es una prueba de la fidelidad de Dios.
Jesucristo nos da una enseñanza, valiéndose de una alegoría: “Yo soy la verdadera vid… Mi Padre es el viñador… Ustedes son los sarmientos”.

La vida y la salvación vienen del Padre y se realizan en Cristo. Nosotros, unidos a Él, disfrutamos y participamos de esta vida y de esta salvación de Dios que nos ofrece en su Hijo.

Esta verdad se hizo realidad el día de nuestro Bautismo. Ahí quedamos injertados, íntimamente unidos a Cristo.
Se nos dio como un don, pertenecemos a Dios en Cristo por el sacramento del Bautismo y la participación de su mismo Espíritu. Estamos unidos a la verdadera vida, que es el Señor, y por Él estamos unidos al Padre Dios, que es el viñador.
Por eso, Jesús, de una manera muy sencilla, con una imagen entrañable, nos dice: “Permanezcan unidos a mí”. Sólo el sarmiento que permanece unido a la vida, está vivo, y puede dar mucho fruto.
Si no permanecemos unidos a Él, en nuestra vida sucede una tragedia, porque el sarmiento que no está unido a la vid, se muere, se seca, y no esperamos nada esa vida. Si no estamos unidos a Cristo, es como si estuviéramos muertos.
Es importante, pues, permanecer en Él, y no de una forma pasiva, sino activa.
Es la manera de estar en un constante crecimiento en las virtudes, en los valores, en las buenas obras. Es así como damos mucho fruto en nuestra vida personal, familiar y en vida social; damos muchos frutos de justicia, de fraternidad, de armonía, de paz, de resolver las necesidades de los demás.

Permanecer en Cristo es fuente de vida activa, es tomar el misterio de elección que recibimos el día de nuestro bautismo. Dios nos eligió en Cristo para que participemos de su vida y de la dignidad de ser sus hijos.
No olvidemos esta verdad, permanezcamos en la grandeza de nuestra elección, unidos a Cristo, para que pasemos por la vida haciendo el bien, dando mucho fruto.
El que no permanece en Jesús, se seca y se echa fuera. Así de sencillo, pero así de grave.

No hay cosa más triste que vivir sin sentido, sin saber por qué existimos, sin saber de dónde venimos y a dónde vamos. Experimenta el sin sentido y el vacío de la vida aquel que no está unido a la fuente de la vida, que es Cristo.

Qué invitación tan amable, tan hermosa, tan positiva, que nos hace el Señor, nos invita a permanecer con Él. ¿Cómo permanecer en Él? Cumpliendo su Palabra. Además, por los sacramentos (Comunión, Reconciliación). También si lo reconocemos en el hermano que sufre.
Aceptemos esta invitación con humildad, con sencillez, con agradecimiento, pero sobre todo con compromiso. Que esta invitación nos comprometa a vivir en comunión con Jesús, para hacer mucho bien en el mundo.

Yo les bendigo en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

@arquimedios_gdl

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