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Mtro. Arnold Omar Jiménez Ramírez

Hablar o analizar el concepto “totalitarismo” exige un ejercicio de auténtica honestidad intelectual, dado que hay quienes aseguran que el término es equívoco. Quizá una de las causas de su naturaleza polémica radique en su capacidad para aunar, en una misma categoría, a regímenes como el nazista y el comunista, algo que resulta inaceptable para sus principales críticos (principalmente gente de extrema izquierda). Según éstos, el término “totalitarismo” no sería más que una formulación de carácter ideológico que fue empleada masivamente a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, con el objeto de criminalizar al comunismo y colocarlo a la misma altura que el nazismo. Lo cierto es que, en los hechos, el siglo XX nos trajo regímenes con características similares, con las mismas estrategias que dieron como resultado gobiernos que terminaban por controlarlo todo, absolutamente todo. George Orwell los describiría en dos obras que se han convertido en referentes necesarios: Rebelión en la Granja (1945) y 1984 (1949).

En pleno siglo XXI, en América Latina se han consolidado nuevos totalitarismos (Venezuela y Nicaragua) y en nuestro México, hay claras señales de indicios totalitaristas que deberían encender los focos rojos.

QUÉ ES EL TOTALITARISMO
El totalitarismo es un sistema de gobierno y una práctica política cuyo principio fundamental es el ejercicio absoluto y sin restricciones del poder por parte del Estado de una nación. Restringe severamente las libertades individuales y construye un modelo de sociedad homogéneo, implacable y coercitivo. No es lo mismo que el autoritarismo –aunque comparten algunos rasgos– porque el totalitarismo deriva necesariamente en una dictadura que organiza todos los elementos que componen el Estado: territorio, la población (ideologización, o, me permito la expresión, lavado de cerebro), la justicia y los poderes públicos.

CÓMO CONVERTIRSE EN TOTALITARISTA SIN MORIR EN EL INTENTO
Los modelos totalitaristas, los políticos que aspiran al totalitarismo, transitan por un mismo derrotero.
Primero, suponen que el Estado es el único que sabe hacer las cosas y todos los privados son unos bandidos. Entonces, no puede haber salud privada, seguros privados, nada privado porque consideran que los individuos son malos y necesitan un poder absoluto (“superiormente moral”) que les controle. Luego buscan controlar las fuerzas armadas o pactar con quien tiene las armas (por ejemplo, el narcotráfico) porque no pueden correr el riesgo de que las fuerzas militares se opongan a sus planes. El tercer paso es eliminar o controlar a todas las instituciones que acotan al Estado, en otras palabras, eliminar a los contrapesos: por ejemplo, el Instituto Nacional Electoral no sirve, el Instituto de Transparencia y Acceso a la Información (INAI) no funciona, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) no le responde al pueblo, El Tribunal Federal Electoral (TRIFE) responde a las elites… La razón de fondo es que el totalitarista no acepta que alguien le diga que no y entonces, o desaparece instituciones o las somete, todo siempre bajo el pretexto de que “el pueblo así lo quiere”.
El último paso es la pauperización de la población. Es decir, empobrecer a la sociedad. Y el único que puede ayudarte a salir adelante, el que te va a dar la ayuda económica (becas), las medicinas, la leche barata, el frijol barato, es el Estado, que sí piensa en los pobres. El totalitarista tiene un espíritu mesiánico y asume, de manera enfermiza, que ellos son los únicos salvadores de su pueblo.

LA ENSEÑANZA SOCIAL DE LA IGLESIA
La Doctrina Social de la Iglesia enseña y aprecia a la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes (CA 46) Este sistema implica fundamentalmente la participación ciudadana y de los particulares (empresarios, asociaciones civiles, organismos públicos descentralizados) que sean un auténtico contrapeso frente al poder que legítimamente ejercen los gobernantes: “Es preferible que un poder esté equilibrado por otros poderes y otras esferas de competencia, que lo mantengan en su justo límite. Es éste el principio del “Estado de derecho”, en el cual es soberana la ley y no la voluntad arbitraria de los hombres” (CDSI 408).

Urge que los creyentes analicemos la realidad social y política que vive nuestro país, a la luz de la Doctrina Social para acotar los intentos totalitarios que se ven en el horizonte político en aras de posibilitar el bien común.

@arquimedios_gdl

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