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ALFREDO ARNOLD

Desde hace semanas se venía delineando la posibilidad de que las elecciones presidenciales del 2024 fueran estelarizadas por dos mujeres, ambas con posibilidades reales de ganar y no únicamente de aparecer en la boleta. En 2012, el PAN postuló a Josefina Vázquez Mota, pero la abandonó a su suerte durante la campaña, y en 2018 se negó a apoyar las aspiraciones de la ex primera dama Margarita Zavala, quien al principio aparecía mejor posicionada que el mismo López Obrador, pero finalmente, la actual senadora michoacana no pudo obtener siquiera la candidatura independiente.

Hoy es distinto, existen dos súper bloques políticos y en ambos las candidatas son mujeres: Claudia Sheinbaum es la abanderada del partido Morena y partidos afines PT y Partido Verde, y Xóchitl Gálvez representará a una oposición compuesta por los otrora poderosos PRI, PAN y PRD.
Ambos bloques realizaron una especie de elecciones primarias para elegir a sus candidatas.
No fueron exactamente primarias, pero fueron algo parecido. La oposición fue descartando aspirantes: Mancera, Cabeza de Vaca, Creel, De la Madrid y Beatriz Paredes, mientras que el único descarte del oficialismo fue el de Marcelo Ebrard, ya que el resto de “corcholatas” fue eliminada hasta el último momento; de una u otra forma, también Adán Augusto López, Fernández Noroña, Monreal, Manuel Velasco y el propio Ebrard quedaron fuera.

Fueron procesos apasionantes, inéditos en los anales políticos de México, y suscitaron todo género de reacciones de entusiasmo y desilusión cuando llegaron a su fin. Ahora viene la batalla decisiva, la “madre de todas las batallas”, se habría dicho en otros tiempos de violencia internacional.
¿Qué podemos esperar de la lucha electoral entre Claudia y Xóchitl?

Yo esperaría un proceso fascinante –¿en serio?–; un proceso en el que prevalezcan las ideas, los argumentos, formas distintas a lo que ha ocurrido en años anteriores. Veo a dos mujeres inteligentes, cada una con personalidad distinta, pero inteligentes.

Existen riesgos que pueden trastocar el proceso, el más peligroso es la injerencia de los partidos, que podrían anular a las candidatas, imponiéndoles consignas, discursos, programas, actitudes, estrategias, hasta códigos de vestir; el otro es el entrometimiento del Presidente de la República, quien ensuciará el proceso si continúa denostando a la oposición desde la mañanera.
Claudia y Xóchitl comparten muchas situaciones: entraron a los 60 años, son mamás, son profesionistas egresadas de la UNAM, ambas en ramas de la ingeniería, tienen poca experiencia en el servicio público. Probablemente no son las candidatas ideales para presidir el país, pero en ninguna de ellas hay elementos negativos para rechazarlas.

Claudia Sheinbaum ya tuvo una elección contra otra mujer por la jefatura de la Ciudad de México en 2012, contra Alejandra Barrales del PRD. Pero ese es otro boleto.

Vamos disfrutando el proceso electoral, colaborando para que todo salga bien. Tal vez esta sea una oportunidad única que se nos presente en la historia.

*El autor es LAE, diplomado en Filosofía, periodista de vasta experiencia y académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

@arquimedios_gdl

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