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LUPITA VENEGAS
PSICÓLOGA

Mi hija adolescente fue invitada a trabajar en un equipo escolar al que le correspondía hablar sobre los derechos sexuales y reproductivos. Le acompañé en la investigación y descubrimos que todo se trata de alentar el aborto. Además, quedé muy afectada por todos los conceptos que se manejan en estos supuestos derechos y que contradicen nuestros principios. ¿Cómo enfrentar esta imposición ideológica?

Blanca E.

HERMANA MÍA, BLANCA:
Estamos expuestos a un fuerte bombardeo de ideas anti vida y anti familia, pero ¡ánimo! La verdad padece pero no fenece.

Los estudios revelan que, en las familias bien avenidas, la influencia de los padres es muy superior a la influencia de otras fuentes en nuestros hijos (amigos, redes sociales, escuela, artistas, influencers, etc.). La clave aquí es: “bien avenidas”. Hoy debemos fortalecer a las familias a través de una
sana convivencia.

En Laudato Si, el Papa Francisco hace énfasis en la importancia de esta convivencia familiar para que
prevalezca el bien en el mundo entero.
Quiero destacar la importancia central de la familia, porque es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta,
y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Contra la llamada
cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida.

En la familia se cultivan los primeros hábitos de amor y cuidado de la vida, por ejemplo, el uso correcto de las cosas, el orden y la limpieza, el respeto al ecosistema local y la protección de todos los seres creados. La familia es el lugar de la formación integral, donde se desenvuelven los distintos aspectos, íntimamente relacionados entre sí, de la maduración personal.

En la familia se aprende a pedir permiso sin avasallar, a decir “gracias” como expresión de una sentida
valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la voracidad, y a pedir perdón cuando
hacemos algún daño. Estos pequeños gestos de sincera cortesía ayudan a construir una cultura de la vida
compartida y del respeto a lo que nos rodea” (LS, 213).

Para entrar al corazón de nuestros hijos y protegerlos de esta mentalidad “progresista”, debemos sembrar convicciones, lo cual se logra con la convivencia familiar sustentada en un firme tripié: oración, formación y ejemplaridad.

Lupita Venegas/ Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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