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Editorial #1185 de Semanario

Con la entrada  del Papa Francisco al Sínodo, denominado de la Amazonia,  el coro recitó el Veni Creator Spiritus seguido con hondura y emoción por todos los padres y obispos sinodales.

El Papa pidió valentía y coraje a los más de 300 obispos, sacerdotes, religiosos y laicos que participan en este Sínodo, para reflexionar sobre el compromiso y misión evangelizadora de la Iglesia en la región de América Latina, en la Amazonia,  que abarca a nueve países e implica a 30 millones de personas.

En la eucaristía de inicio, en San Pedro, pidió reformas eclesiales que den respuesta a las personas,  no a una ‘pastoral de mantenimiento’.

El Papa plantea la necesidad de ser fieles a la novedad del Espíritu, cultivando, la prudencia, que es contraria a la cobardía, la timidez y el temor. Propuso a los padres sinodales poner en práctica una prudencia audaz que “inspire nuestro Sínodo para renovar los camino de la Iglesia en Amazonia de modo que no se apague el fuego de la misión”.

Los términos “prudencia” y “audacia” para poder enfrentar las dificultades, para llevarlas a cabo no de forma brusca, por las resistencias de los grupos de católicos que están en camino de asimilar que la Iglesia es puente en una época de disrupción, descentralización y desintermediación. Se vive una crisis antropológica, y  la Iglesia da su respuesta con este Sínodo, para esta porción del mundo.

Centrado en la actualidad de la realidad amazónica, el Papa Francisco, en su homilía, denuncia que “el fuego aplicado por los intereses que destruyen, como el que recientemente ha devastado la Amazonía, no es el del Evangelio”.

Una actitud del Papa que tiene exigencia, pero llena de ternura, con lenguaje materno. Ese fuego devorador se extiende para quemar lo diferente, para uniformar a todos y todo, como respuesta a los que señalan que la Iglesia solo tiene que salvar a  los hombres, no al planeta, sin re-preguntarse a quien salvar, si no tienen donde vivir.

Además de su preocupación ante la situación ambiental de la región, los padres sinodales de la Amazonia reflexionan sobre posibilidad de la ordenación de hombres casados para celebrar la eucaristía en zonas de difícil acceso en esa región, ya que un tercio de los católicos de las poblaciones indígenas carecen de este sacramento

Se busca una Iglesia que no siga marcada por el “siempre se ha hecho así” y por “la preocupación de defender el status y, usando las palabras de Benedicto XVI, de no continuar más con una pastoral de mantenimiento, de renovar el don en el fuego del espíritu, y no dejar que las cosas sigan su curso sin hacer nada.

Sin duda que la falta de sacerdotes exige replantear la manera de evangelización en la Amazonía.

Este Sínodo es muy muy importante a nivel de organización de Iglesia, tanto por los ministerios que se vayan a aprobar, como por el papel de la mujer y el laicado.

Los signos de los tiempos apuntan  a una Iglesia menos clerical y más laical, más participativa por parte del Pueblo de Dios, como lo plantea el Concilio Vaticano II, porque todos somos parte de la Iglesia y, sin duda, se necesitan  nuevos caminos de evangelización.

@arquimedios_gdl

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