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Diác. Jorge Cadena Romo, 5° de Teología

Hemos llegado al último curso de nuestra formación inicial en el Seminario, y en esta ocasión les compartiré un poco de lo que se vive en el 5to año de teología, o también conocido como el “año de servicio diaconal”. Pues en este año realizamos nuestro ministerio en parroquias y algunos otros en los seminarios auxiliares. Yo les compartiré en seguida un poco de mi experiencia en una comunidad parroquial.

“Sagrada Familia de Nazaret, Tlaquepaque” –fue la determinación que escuché sobre mi destino de servicio diaconal, reunido con mis compañeros en el auditorio San Juan Pablo II, de nuestra casa de formación. Sin duda, uno de los eventos más esperados en la vida del seminarista, pero yo no sabía qué esperar de dicho lugar, en mi ignorancia absoluta acerca de su existencia hasta un instante antes. Mejor así. ¡Que sea lo que Dios quiera!

Se trata de una parroquia constituida hace apenas dos años, cuyo templo es una austera capillita que hasta entonces había pertenecido a la parroquia del Señor de los Milagros (conocida como “la de San Pedrito”), de la cual se desprendió. La zona no es de lo más afamada, e innegablemente aquí son muy palpables aquellas emergencias sociales que nuestros planes pastorales denominan Periferias Existenciales: los jóvenes y las familias en crisis, los ancianos que sufren, la descomposición generalizada del tejido social. Sin embargo, la oscuridad hace brillar más intensamente a la luz, y Dios se ha manifestado desde el primer día, desde la primera persona con quien interactué (quien además de orientación, me ofreció también muy amablemente unos taquitos).

Comparto la casa cural con el primer y actual párroco, el Pbro. Luis Fernando Orozco Flores, un convencido de las ventajas de la armonía comunitaria, perceptible en la fraternal cercanía que nos dispensa a mí y a los tres seminaristas que vienen de apostolado sabatino, así como a sus propios compañeros de generación y decanato, y muy destacablemente en la obra material y social que con tremendo ímpetu está llevando a cabo, con la colaboración de otras muchas personas cuya entrega y generosidad son todas un edificante ejemplo y fuente de esperanza; tanto para la misma comunidad como para mí, pastor en ciernes. Si algo he sacado en claro, es que trabajar duro y sin miedo en pro del Pueblo de Dios tiene este doble efecto: la misericordia de Cristo se vuelve más tangible para ellos, y la causa del Reino atrae a más voluntarios.

A estas alturas, los alumnos de Quinto de Teología en la Arquidiócesis de Guadalajara, ya tenemos la experiencia de un año de servicio previo (al finalizar Primero de Teología), que desde mi experiencia personal podría calificar como un apostolado de diez meses. Éste segundo –ya como diáconos- tiene un enfoque distinto: mira tanto a prepararnos para el presbiterado, como a facilitar la transición entre seminario y ministerio. La misma gente me lo hace sentir así, pues me otorgan un respeto más propio del consagrado, a la vez que sigo recibiendo el trato afectuoso y confiado de siempre, como seminarista. Ciertamente ahora estoy más involucrado en las cuestiones parroquiales, algunas de las cuales exigen un grado de confianza que valoro mucho, pero –con el objetivo específico de que no viniese a menos el cuidado espiritual de la grey- mis responsabilidades principales giran alrededor del munus litúrgico y de la Palabra.

Es fuente de profundo honor sentirse y desempeñarse ya como parte del clero diocesano, como cuando toca ir a Catedral en domingo para asistir al Sr. Cardenal en la misa del pueblo, o cualquier otro servicio. Desde esta posición, las visitas al seminario se vuelven algo entrañable, y el ver a tantos jóvenes alegres, afectuosos, caminando por este mismo camino en su cuidada formación, hace a uno renovar los bríos de su amor por la Iglesia, querer gritarles que todo vale la pena, y volver encendido de celo por la comunidad encomendada, la mejor de todas, porque Dios ahí quiso que su diácono le entregue la vida, como él hizo con uno, conmigo.  

Por eso les recordamos que ustedes también tienen una grande y noble tarea, que es seguir pidiendo al Padre que envíe trabajadores a sus campos, y en esa oración no se olviden de nosotros los diáconos, para que sirvamos más y mejor al pueblo de Dios.

@arquimedios_gdl

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