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Alfredo Arnold

Cinco décadas y media de ejercicio periodístico profesional me han dado la satisfacción de realizar entrevistas a una gran cantidad de personalidades. La entrevista es el género periodístico que más me llena. He producido muchísimo más en noticias, reportajes y géneros de opinión, pero la entrevista tiene un encanto especial: nos pone en contacto con otro ser pensante que a través de sus palabras va revelando aspectos desconocidos de su vida, aspiraciones y valores.
Durante la entrevista se entabla una suerte de combate intelectual entre el periodista que pregunta y el sujeto que contesta. La privacidad es muy importante, la discrecionalidad también, no es conveniente encender la grabadora ni asumir actitudes agresivas; las cámaras inhiben. Ante todo, hay que crear un clima de confianza, realizar preguntas pertinentes y saber en qué momento surge un tema que amerite reformular la plática.
La entrevista hay que prepararla, enterarse de cuanto sea posible sobre el entrevistado, hacer una cita, elegir el lugar donde se hará y evitar al máximo las interrupciones.
Es más fácil que yo recuerde el desarrollo de una entrevista que hice hace cincuenta años, que todas las notas que haya escrito en el último mes. He tenido la fortuna de entrevistar a mujeres y hombres empresarios, políticos, deportistas, artistas, toreros, académicos, periodistas, economistas, Obispos, etcétera.
Hay momentos que se prestan para hacer la gran pregunta incómoda. En una entrevista en vivo, la Princesa Diana, que aún estaba casada con el príncipe Charles, respondió al cuestionamiento: “¿Fue usted infiel?”, y el Papa Juan Pablo II, a otra cargada de jiribilla: “¿Es usted el representante de Dios en la tierra?” En México ha habido excelentes entrevistadores, de los más conocidos: Jacobo Zabludovsky, Ricardo Rocha, Sergio Sarmiento, Verónica Castro (aunque no es periodista)… Sin embargo, en la actualidad, las prisas, la inmediatez y la tecnología le han restado calidad a este género.
No puedo ocultar mis deseos de entrevistar a las candidatas presidenciales. Pero como esto no ocurrirá, enlisto a continuación las preguntas que les haría:

  • ¿Cuál será su política energética, seguirá apoyando a Pemex a pesar de su gran déficit?
  • ¿Qué cambios hará en el sector salud?
  • ¿Cuál será su estrategia para impulsar la inversión privada y la extranjera?
  • ¿Planea realizar expropiaciones, en qué sectores?
  • ¿Cómo avizora las relaciones exteriores con Estados Unidos, América Latina, la Unión Europea y China?
  • ¿Tiene idea de cómo será su relación con las Iglesias?
  • ¿Y su relación con los estados, sobre todo aquellos que sean gobernados por un partido diferente al suyo?
  • ¿Qué futuro tendrán los organismos públicos y los de la sociedad civil?
  • ¿Cuál será el perfil de su gabinete?
  • ¿Tomará medidas para reconciliarse con la prensa, o seguirá la política actual?
  • ¿Tiene definidas cuáles serán sus obras emblemáticas?
  • ¿Cuál es su mayor proyecto sexenal?
  • ¿Le asusta la polarización del país?
  • ¿Cómo aprovechará el nearshoring?
  • La inteligencia artificial presenta retos a favor y en contra, ¿cómo la utilizará?
  • ¿Viajará?
  • ¿Cómo combinará su rol de madre y esposa con la presidencia?

Creo que este tipo de preguntas darían una mejor idea de quiénes son Claudia y Xóchitl, en lugar de las acusaciones que se cruzan en los debates o las promesas sin sustento que ellas y sus promotores proclaman en las campañas.
Pero, como decía antes, me quedaré con las ganas de entrevistarlas.
*El autor es LAE, diplomado en Filosofía y periodista de vasta experiencia. Es académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara

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