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Desde el Corazón

QUERIDA LUPITA:
Es muy difícil para nosotros comunicar los valores cristianos, pues nuestros hijos ya no se plantean la moral cristiana en su toma de decisiones. Ellos conviven con sus parejas sin estar casados, son buenas personas y posiblemente formen una familia más adelante, pero a nosotros como padres nos causa inquietud y desasosiego su postura tan “actual”. ¿Debemos cruzarnos de brazos y sólo ver lo que está pasando?

Lucía y Manuel G.

HERMANOS MÍOS, LUCÍA Y MANUEL:

Estamos llamados a ser testigos del amor de Dios.
Esto significa que hablamos de ello primeramente con nuestras acciones, con nuestra vida misma, además de usar palabras convincentes en los momentos oportunos.
Los cristianos estamos convencidos de que Cristo triunfó. La muerte en la cruz fue el paso necesario para obtenernos la vida eterna. ¡Él resucitó! Hubo numerosos testigos y felices encuentros narrados en los hechos de los apóstoles. Él es la Verdad y fuera de Él nos confundimos.
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19–20).

Con nuestra confianza puesta en Dios, busquémoslo a Él de todo corazón. Cuando nuestros hijos se alejan de los principios que les inculcamos, se nos hace un llamado a profundizar en ellos. Somos nosotros, los padres, quienes enfrentamos el desafío de conocer y vivir en plenitud nuestra fe. El primer paso es hacia Dios.
Acercarnos en oración buscando tener una relación sincera con Él. “Señor yo creo, adoro, espero y te amo”.

Además, nos conviene estudiar en primera persona las razones de nuestra fe y los fundamentos de la moral cristiana. Estaremos enamorándonos de la sabiduría milenaria de la Iglesia y procurando alimentarnos de sus sacramentos.

La oración y los sacramentos actuarán con eficacia para cristificarnos cada vez más.
Y usar el método de acercamiento propuesto por el Papa Francisco: escuchar, dialogar y proponer.
Con paciencia, amor y confianza, platiquemos con nuestros hijos, primero escuchemos sus razonamientos y procuremos encontrar puntos en común de los cuales partir para hacer con gentileza, la propuesta cristiana. Hablar con ellos desde el corazón, con amor y convicción.
Recordemos este principio básico: “La fe no se impone, pero sí se propone”.


Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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