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Víctor Ulín

En el camino de la casa que renta en la colonia Independencia Oriente de Guadalajara a la Nueva Central Camionera, algo pasó con Aldo.
Viajar a su casa de Tepatitlán era la rutina después de que concluía sus actividades académicas en el Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara, donde cursa la licenciatura en Técnico en Prótesis.
El 13 de abril fue la última vez que sus padres y amigos supieron de su paradero. Hoy está desaparecido y lo estamos buscando.
Parece la misma historia de otros 22 jóvenes universitarios desaparecidos, pero no lo es.
Cada desaparición duele más que la anterior. La acumulación de las desapariciones de universitarios aumenta el coraje que ya ha tomado las calles para protestar y exigir la aparición de todos a las autoridades impotentes o indolentes que le apuestan al cansancio y la desmemoria de los que sufren.
Es la búsqueda de Aldo, pero es también la de sus compañeros que ya no llegaron a casa.
Ante la ineficacia de la Fiscalía Especializada de Desaparecidos, queda el grito valiente que no se apaga para que Aldo no sea archivado ni, menos, olvidado.
En la calle y en la escuela están sus amigos, profesores y directivos de la UDG canalizando su tristeza y demanda para que la búsqueda de Aldo no cese y pronto haya buenas noticias de su paradero.
Sólo su padre, José González, sabe lo profundo que puede calar la ausencia de un hijo que no llega a casa, que está perdido.

“Es una pesadilla”, confió a la reportera Diana Barajas, del diario Milenio, en entrevista.
Hace falta que la solidaridad de las aulas impregne los corazones de las familias de Jalisco que a diario despiden a sus hijos con un “Dios te bendiga” y los reciben nuevamente sanos y salvos.
La verdad es que nadie está exento de vivir una experiencia similar, sin importar las diferencias de clase o posición económica. Si se estudia en una escuela pública o privada. Saliendo de casa o la escuela, estamos vulnerables a que no regresemos.
De su casa en renta a la suya, en Tepatitlán, Aldo debió caminar calles, tomado la ruta de siempre. Debió quedar registrado en alguna de las cámaras de algún particular o de las que tiene el gobierno por la ciudad.
Tiene sentido entonces que se le cuestione a la Fiscalía Especializada de Desaparecidos, ¿dónde están las cámaras operadas desde el C5? ¿Porqué tanta tardanza en las investigaciones para identificar por lo menos la ruta que siguió Aldo a la Central?
La razón, sin duda, les asiste a los familiares, amigos y profesores de Aldo que urgen a la autoridad para que haga su trabajo. Para que no espere las protestas válidas y legítimas que seguirán hasta que Aldo aparezca.
Dónde quiera que Aldo esté o con quién esté, tendrá que llegarle el cariño y el deseo de todos los que lo están buscando para que vuelva o sea devuelto a casa donde le siguen esperando sus padres y la vida que aún le falta.

@arquimedios_gdl

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