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En la preparación a la Navidad, la confrontación entre el grupo universitario y el grupo del gobierno estatal es para los ciudadanos un mal ejemplo o, dicho de otra forma, testimonio de cómo no se deben
hacer las cosas, y de cómo se pueden ir echando a perder cada vez más, y por qué no deberían suceder. La sociedad jalisciense no lo merece.
Definitivamente, cuando el tiempo se va en pelear, es que se están dejando de lado asuntos que no se
resuelven.
El de las huestes universitarias y los integrantes del gobierno estatal es un conflicto oficioso. Le llamamos oficioso porque sus diferencias, aunque reales y perjudiciales para la comunidad, las han expresado en los
espacios menos adecuados para hacerlo; se ve que no quieren arreglar sus diferencias o, al menos, que no se hicieran más graves.

Ambos grupos han organizado marchas para expresar su posición, su punto de vista, para reclamar y para lo que solamente ellos saben.

Las manifestaciones públicas de las dos partes se han evidenciado.
Van y vienen con un número de calificaciones mutuas que, lejos de provocar diálogo, se han polarizado, algo muy perjudicial para nuestro Estado.
Al respecto, en la homilía del domingo 20 de noviembre, el Cardenal Francisco Robles decía: “En un mundo en el que vivimos de confrontación y de conflictos, en una nación fuertemente enfrentada y polarizada, los cristianos no podemos olvidar que somos hermanos, hijos del mismo Padre, por más marchas que haya en un sentido o en otro, por una razón o por otra, No podemos echarle más gasolina al fuego, descalificándonos, ofendiéndonos. Los potentados de la política son artistas en esto, porque los rigen otros principios y otros intereses. Los creyentes debemos permanecer por encima de mezquinos intereses que, muchas veces, la actividad política fomenta”.
Por un lado, denunciaba esos pleitos mezquinos y, por otro, indicaba el papel que debemos tener los cristianos.
No estamos tomando partido, si es que alguna parte tuviera razón.
Solo estamos constatando lo que vemos en la fotografía que ambas partes se han empeñado en presentar.
Vemos personas con ánimo de pelear, de confrontarse, de desacreditarse. Vemos una polarización cada vez más preocupante, con efectos en diferentes sectores de la población. A los personajes en cuestión, este pleito no les afectará en nada su patrimonio, seguirán igual, pero sí está dañando otras realidades de los ciudadanos y de los estudiantes que tienen a cargo.

Algunos, por falta de discernimiento, están aprendiendo que el pleito es la supuesta y pretendida forma de solucionar diferencias. Convocan a sus respectivos agremiados, trabajadores, dependientes, etc., a
que se sumen a sus causas, y esta suma es muy agresiva.

Muestran a la sociedad que no es posible ponerse de acuerdo hasta que no se cumplan ciertos “requisitos”.
Mediatizan sus dichos, acusaciones, descalificaciones, suposiciones, etc. Los buenos y los malos aprenden de las autoridades de gobierno y estudiantiles formas nuevas, posibles y realizables de agresión.
No nos escandalizamos ni tenemos afán de moralizar ni de hacerla de redentores. Pudieran ser peor las
cosas y no dudamos que así se pongan. Simplemente, de ellos no lo podíamos esperar. No nos merecemos esto como sociedad.

@arquimedios_gdl

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