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XXXI DOMINGO del TIEMPO ORDINARIO

¿Cuál es el mandamiento al que le doy más importancia? ¿Qué es lo verdaderamente importante en la vida?

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS ESTE DOMINGO?

Deuteronomio 6, 2-8: Desde la Antiguo Alianza, el Señor nos manda que cumplamos sus preceptos – nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos – así prolongaremos la vida, seremos felices y nos multiplicaremos en una tierra que mana leche y miel… El mandamiento principal en aquel tiempo era amar a Dios con el corazón, el alma y las fuerzas…

Salmo 17: Amamos al Señor porque es para nosotros fortaleza y roca firme, alcázar y refugio, escudo y fuerza… nos libra de nuestros enemigos, nos eliges y nos muestras tu amor…

Hebreos 7, 23-28: Jesús, nuestro Sumo Sacerdote nos salva y nos acercamos a Dios… Él es: “santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo”… se entregó a sí mismo

Marcos 12, 28b-34: En la Nueva Alianza, Jesús amplia y profundiza los conceptos de “mandamiento” y de “amor”… Lo principal es que amemos a Dios y a todos nuestros prójimos al mismo nivel…

REFLEXIONEMOS:

[La escena que hoy se nos narra en el evangelio es contada por los tres sinópticos (Mt 22, 34; Lc 10, 25 y Mc 12, 28).  Lucas la coloca al inicio de la “subida a Jerusalén” y la complementa con la parábola del “Buen Samaritano” propia de él, este pasaje lo meditamos el XV Domingo del Tiempo Ordinario en el Ciclo C.  Marcos y Mateo lo sitúan varios días después de la llegada de Jesús a Jerusalén cuando ya había “purificado” el Templo y había discutido con los jefes de los sacerdotes sobre su autoridad para hacer tales cosas, con los fariseos y herodianos sobre el pago del tributo al césar y con los saduceos sobre la doctrina de la resurrección de los muertos.  Estas discusiones no son necesariamente agresivas pues eran comunes en aquellos días y, contrario a la interpretación corriente, hasta podrían indicar una cierta valoración de la persona y la opinión de Jesús como Maestro/Rabí.

La pregunta planteada hoy a Jesús por aquel hombre letrado tiene mucho sentido.  Muchos maestros enseñaban que como los 613 mandamientos procedían de Dios, debían cumplirse cabalmente, mientras que otros priorizaban unos preceptos sobre otros…

En su respuesta el escriba recita el famoso “escucha Israel” (Dt 6, 4-5) que todo judío piadoso sabía de memoria… Lo original de Jesús es unirlo a Lev 19, 18 y convertirlo en un solo mandamiento: amar con dos destinatarios al mismo nivel, Dios y el prójimo.

El AT nos ofrece una crónica del descubrimiento de la identidad de Dios por su pueblo.  Comienzan creyendo que Dios es – el amo, el juez, el terrible, el Señor de los ejércitos, el terrible, el creador, etc. – alguien a quien temer, obedecer y admirar, pero, estos conceptos impedían amarlo… Poco a poco, Dios se fue revelando como alguien a quien podían y debían amar absolutamente… Pero el amor al prójimo siempre fue algo relativo, “como a ti mismo”.  Además de que había seres humanos que no eran considerados prójimos, como los extranjeros y los pecadores (aunque fueran judíos)… Se podía amar a Dios y odiar el prójimo…

En el NT, Jesús nos revela que Dios es Padre amoroso de todos y, por lo tanto, que todos somos hermanos y que todos debemos amarnos como él nos ama… No podemos amar a Dios sin amar al prójimo; tenemos la obligación de amar a Dios y a todos nuestros hermanos…

Para Jesús, no debemos amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos sino como él nos ama y los ama.  Conformarnos, como en el AT, con amar a los demás como a nosotros mismos es muy riesgoso pues muchas veces tenemos dificultades, ataduras y faltas de autoestima que nos impiden amarnos de la forma en que Dios nos ama.

El amor al estilo de Jesús es el único camino por el que el ser humano puede avanzar hacia su plenitud.  Pero, este amor no depende de un programa, se debe entrenar y retroalimentar, es la tarea más importante mientras vivamos ya que sentirnos amados incondicionalmente por Dios y hermanos amorosos es un llamado, es algo por construir, algunas veces no surge espontáneamente…

El corazón de Dios es más comprometedor que su ley y sus mandatos.  Repitamos: “Dios me ama”, “Dios ama a todos y cada uno… también a los que yo no amo…”, “Si Dios los ama, ¿qué me impide amarlos?  ¡Quiero poder amarlos también, Señor!”]

1. Quien escucha y ama a Dios es bendecido:

Hoy hemos leído el famoso “Shemá Israel – Escucha Israel”, en él se nos presenta a Dios y se nos invita a cumplir todos sus mandamientos y preceptos… ¿Yo “escucho” al Señor mi Dios y mi Señor?  ¿Al escucharlo lo voy conociendo más?  ¿Cumplo sus mandamientos? ¿Cuáles sí y cuáles no?

Dios nos hace algunas promesas si cumplimos sus mandamientos:

•      Prolongará nuestra vida… ¿Para qué quiero tener una larga vida?

•      Seremos felices… ¿Qué significa “ser feliz” según el mundo y según Dios?

•      Nos multiplicaremos… ¿Para qué realmente quiero tener una familia (numerosa: hijos, nietos, etc.)?

•      Recibiremos una tierra que mana leche y miel… ¿Cuál es mi versión de la tierra prometida?  ¿Para qué quiero una casa soñada?  ¿Cuántos bienes materiales quiero y para qué?

Hay quienes dicen no sentirse amados ni bendecidos por Dios… pero, ¿no será más bien que ellos son quienes no lo aman ni lo obedecen?  ¿No será que perciben a Dios sólo como un proveedor universal y no como un Padre amoroso que quiere establecer una relación personal con cada uno de nosotros?  ¿No será que no se dan tiempo para “escuchar” ni a la Palabra ni a su conciencia?

No todo lo que deseamos para nuestra vida o los dones que poseemos son bendiciones… Las auténticas bendiciones nos hacen crecer integralmente, nos ponen en sintonía con los mandamientos de Dios, con las necesidades de nuestros prójimos, nos ayudan a seguir buscando y practicando, con amor, el bien para todos…

La presencia de Dios en nuestra vida es la verdadera bendición… ¿correspondo a esta bendición convirtiéndome a mí mismo en una bendición de amor para los otros?

2. ¿Cuál es el mandamiento más importante?

En el pueblo de Israel, con el paso del tiempo, se fueron multiplicando las normas y leyes… En tiempos de Jesús, algunos judíos piadosos debían cumplir 613 mandamientos… La gente se confundía con justa razón y ya no sabía qué era lo realmente importante…  De todo lo que debo hacer vida, en relación a lo que Dios me pide y a mi religión, ¿qué es lo más importante?  ¿Qué es lo que me empeño en cumplir siempre?  ¿Estaré escogiendo lo verdaderamente importante para Jesús?

Por eso, en el evangelio, Jesús, dialogando con un escriba, profundiza el mandamiento del amor del Deuteronomio uniéndolo al del Levítico… En nuestro corazón no sólo debe haber cabida para amar a Dios y amarnos a nosotros mismos, sino también para amar a nuestros prójimos… El escriba acepta esta enseñanza del maestro por lo que merece un reconocimiento: “No estás lejos del Reino de Dios”… ¿En qué se nota que me amo a mí mismo saludablemente?  ¿En qué se nota que amo a “todos” mis prójimos?  ¿En qué se nota que amo a Dios? …Recuerda que “obras son amores y no buenas razones”… ¿Estaré yo lejos o cerca del Reino de Dios?

Jesús no dice que sean los únicos mandamientos… sólo dice que son los más importantes y que todos los demás deben fundamentarse en el amor y conducirnos a él…

Nuestra vida es una constante búsqueda de sentido y de felicidad… ¿Qué estoy buscando yo en la vida?  ¿Ando perdido (por ejemplo, en el esoterismo, las supersticiones, los legalismos, las falsas espiritualidades o los bienes materiales) o sí tengo un rumbo?  ¿Estoy buscando verdaderamente aprender a amar como ama Dios a todos y totalmente?

Hoy Jesús nos “orienta” para no perder la dirección hacia Dios y sus mandamientos… Pero, mientras caminamos por este mundo, el amor a Dios debe traducirse en el amor/caridad a nuestros hermanos…

PARA QUE TE ENCUENTRES CON DIOS, TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

1.     Haz un ejercicio de “escucha activa”.  Platica con alguien sobre un tema importante en su vida.  Durante el diálogo, de tanto en tanto, haz una pausa y retroalimenta, “repitiendo y resumiendo” las ideas más sobresalientes de lo que has escuchado y pregunta a tu interlocutor si eso es lo que te dijo y si estás comprendiendo bien…

Luego pueden intercambiar sus roles: Tú cuentas algo importante a tu interlocutor y éste te retroalimenta…

¿Te ayuda este ejercicio a descubrir la belleza y la importancia de saber escuchar de verdad?

2.     Haz una lista de las “bendiciones” que tú quieres pedir a Dios… luego, revisa tu lista y distingue si cada una de las cosas que has pedido son verdaderas bendiciones o sólo son deseos de tu ambición…

¿Le pides espontáneamente la bendición de amar y cumplir sus mandamientos?

3.     Investiga lo que es la autoestima saludable y abierta al amor al próximo y al lejano… (Podrías leer, por ejemplo, el libro “¿Por qué tengo miedo decirte quién soy?”, del padre John Powell SJ).

4.     Durante esta semana, en tus 30 minutos de oración, mientras profundizas en el mensaje de las lecturas dominicales, pide al Señor;

•      que aprendas a “escucharlo” cada vez mejor…

•      que te sientas amado por él y

•      que sepas descubrir cómo amarlo a Él, cómo amarte a ti mismo y cómo cultivar tu libertad para amar a todas las personas cada vez más y mejor…

(Escribe lo que vayas descubriendo en estos momentos de oración).

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