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MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ SAN JUAN
3RO DE FILOSOFÍA

Vuelve a arder el corazón, se renueva el espíritu, hay una paz tan profunda que inunda los rincones de todo el santo recinto. El llamado vuelve a sonar, el corazón no deja de latir, la llama de la vocación continúa gracias a la adoración de un simple hombre que, envuelto y enamorado de la presencia de Jesús en el Santísimo Sacramento, vuelve a decirle “sí”.
En el Seminario Diocesano de Guadalajara los seminaristas, al responder al llamado, necesitan de una constante comunicación con Dios. Existen diversas formas de expresar esta comunicación, la oración es pilar fundamental dentro de su íntima formación. La expresión de un contacto y encuentro arraigado está patente los jueves Eucarísticos. La tarde de ese día está dedicada al Señor, para tener un encuentro profundo con Aquel que los ha llamado y los ha hecho partícipes de esta experiencia. De ordinario, a las 7:15 p.m. comienza la adoración al Santísimo, siempre dirigida por un Sacerdote o diácono. Las temáticas suelen ser distintas, pero siempre propician a que resuene de nuevo aquel llamado que Dios les hizo. La participación es muy activa dentro de la adoración, siempre acompañada de cantos que elevan el alma y llegan hasta lo más íntimo.
Esta adoración al Santísimo tiene distintas modalidades, toda la comunidad del Seminario está presente en la capilla. Los jueves primeros del mes se hace un recorrido por la casa del Seminario, donde todos los seminaristas junto con el Santísimo caminan por algunos pasillos de la institución. En medio de alabanzas y meditación, el camino con el Señor toma sentido, la voz no deja de alabarle, de cantarle. Así se recorre este camino con el Señor, con gran júbilo y alegría, teniendo siempre una certeza: Él camina conmigo. Los jueves terceros del mes, no se realiza en la capilla. Cada grupo, con algún Sacerdote o diácono, se ponen de acuerdo para optar por algún lugar de la casa del Seminario. Los restantes jueves del mes, este acto Eucarístico tiene lugar en la capilla, todos los seminaristas juntos, compartiendo la alegría, el gozo de haber sido llamados a estar con Él.
Que unión tan grata, que don tan inmerecido, solamente hay una certeza: Él llama y yo le sigo, y sólo sale una palabra que alienta:

“Quédate, Señor, conmigo”.
Quédate, Señor, conmigo, porque es necesaria tu presencia para no olvidarte. Sabes cuán fácilmente te abandono.
Quédate, Señor, conmigo, pues soy débil y necesito tu fuerza para no caer muchas veces.
Quédate, Señor, conmigo, porque eres mi luz y sin ti estoy en tinieblas.
Quédate, Señor, conmigo, porque eres mi vida y sin ti pierdo el fervor.
Quédate, Señor, conmigo, para darme a conocer tu voluntad.
Quédate, Señor, conmigo, para que oiga tu voz y te siga.
Quédate, Señor, conmigo, pues deseo amarte mucho y estar siempre en tu compañía. (Fragmento de la oración del Padre Pío)

V/ San Pío de Pietrelcina
R/ Ruega por nosotros.

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