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Pbro. Armando González Escoto

No confundamos al Estado con la Iglesia. Mientras la Iglesia se mueve en una doble dimensión, la humana y la divina, el Estado se mueve en una única y sola dimensión, la humana. Mientras que la Iglesia ha sido fundada por Cristo y de Él depende de manera absoluta, el Estado ha sido fundado por la propia sociedad y de la sociedad debe depender tanto en su existencia como en su gestión.

Por lo mismo el Estado no está sobre la sociedad, sino que surge de la sociedad misma, y es ésta la que lo define y lo caracteriza. No obstante, esta realidad, con frecuencia el Estado ha querido emanciparse de la sociedad y constituirse como una entidad separada y, sobre todo, superior y dueña de la vida social, lo cual constituye una verdadera usurpación, un secuestro por parte de los gestores del Estado que, lejos de actuar en representación de la comunidad, la suplantan.

El Estado mexicano no es pues una entidad metafísica, un todo superior a sus partes, una especie de realidad suprema a la que todo mundo deba dar acatamiento haga lo que haga y sea como sea, ya que el genuino estado es la sociedad misma, la cual, para fines prácticos establece instituciones que regulen su existencia a tenor de los principios y valores de la misma comunidad.

Si en un dado momento, los funcionarios electos para prestar servicio a la sociedad traicionan su deber y se apropian del Estado, la sociedad debe retirarles el cargo y otorgarlo a personas que sean capaces de ejercerlo en los términos y en las condiciones que se les entrega.

En ese mismo tenor, la riqueza de la nación que está constituida por sus recursos naturales y por los impuestos que se pagan, no es propiedad del Estado, el cual debe cumplir con administrarlos, para lo cual, las cámaras (senadores y diputados) establecen los destinos de éstos, sólo que en la medida que sus integrantes han dejado de representar a la sociedad, manejan esos recursos como si fueran propios y los destinan a lo que se les antoja, sin que la sociedad tenga la menor decisión al respecto y los beneficios consecuentes se diluyan en la corrupción imperante.

¿Sabe usted a cuánto ascendió el presupuesto de la nación del presente año? ¿Sabe usted en qué se invirtió? ¿Sabe usted cuál será el presupuesto del próximo año y en qué va a invertirse? ¿Está usted de acuerdo en que su dinero se dilapide engrosando las bolsas de los partidos políticos? ¿Le parece justo que un país pobre como el nuestro siga pagando salarios excesivos a sus funcionarios, a pesar de los esfuerzos de la presidencia federal? Si los funcionarios públicos han secuestrado a la nación, al Estado, y a su riqueza, en buena medida se debe a que la misma sociedad lo ha permitido con su actitud pasiva, indiferente y alienada, ni más ni menos, la mejor forma de asegurar a los funcionarios el que puedan seguir actuando de manera arbitraria e impune.

@arquimedios_gdl

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