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SERGIO PADILLA MORENO

Hace poco más de 90 años ocurrió un hecho que nunca debe ser olvidado por el denso simbolismo que implicó: hablo de la quema de libros en enormes hogueras que el régimen nazi hizo en varias ciudades de Alemania el 10 de mayo de 1933. Pocos meses antes, Adolfo Hitler se había convertido en canciller del Reich y con ello obtenía el poder e influencia suficiente para iniciar el asalto definitivo al poder absoluto, pues a mediados de 1934 Hitler se convirtió en jefe de Estado y jefe de Gobierno absoluto del llamado Tercer Reich. La quema de libros de todos aquellos pensadores, novelistas, filósofos, artistas, etcétera, que eran contrarios al régimen fue uno de los prolegómenos a lo que sería la barbarie de violencia, persecución y muerte a la que serían sometidos todas las personas que fueran declaradas enemigas. En 1820, Heinrich Heine, poeta alemán de origen judío dijo una frase profética: “Donde quemas libros, acabas quemando personas.”

Los regímenes totalitarios o instituciones cerradas de cualquier ideología siempre han recurrido, entre sus principales estrategias, al control del pensamiento a través de la educación, de la prensa y de la producción editorial, así como declarar mediante índices los libros prohibidos. Este es un tema que retoma de manera muy interesante la película Fahrenheit 451, basada en la novela distópica del escritor Ray Bradbury, cuyo argumento se centra en un cuerpo de bomberos que prende fuego a cuanto libro y biblioteca se encuentren, para así reprimir cualquier disidencia contra un régimen totalitario surgido en Estados Unidos después de una cruenta guerra civil.

De cara a las quemas o prohibición de libros que se han hecho en la historia, así como frente a lo planteado por Fahrenheit 451 y otras obras por el estilo, como es El nombre de la rosa de Umberto Eco, la pregunta es si estamos cerca de vivir algo así. Quizá no, aunque es tentación de no pocas personas. Pero es un hecho que los libros hoy en día enfrentan una amenaza tanto o más peligrosa que las hogueras: la cada vez más indiferencia hacia los libros y la lectura, especialmente si hablamos de libros y lecturas de calidad.
Ante los tiempos que corren, especialmente ante la súbita irrupción de la Inteligencia Artificial, la cual nos lleva a necesitar leer cada vez menos, vale la pena reencantarnos de los libros y del valor de la lectura, pues la historia nos dice que nuestro futuro como humanidad está en juego. En este sentido recomiendo el hermoso cuento Mendel el de los libros, escrito en 1929 por el gran escritor Stefan Zweig, donde nos habla de Jakob Mendel, un viejo judío experto en libros que “veía cada obra—lo mismo daba que hubiera tenido en sus manos o que sólo la hubiera entrevisto en una ocasión y de lejos en un escaparate o en una biblioteca—con la misma claridad con que el artista ve sus creaciones interiores, aún invisibles para el resto del mundo.

El autor es académico del ITESO,
Universidad Jesuita de Guadalajara –
padilla@iteso.mx
Cultura.21 –
Por qué los nazis quemaron libros
https://www.youtube.com/watch?v=KggltKaXgAs
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