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Sonia Gabriela Ceja Ramírez

Una vez más, el arzobispo de Guadalajara, Cardenal José Francisco Robles Ortega celebró la Misa dominical a puerta cerrada desde la Catedral de Metropolitana.

En su homilía, el purpurado se refirió a la liturgia, pues en el Evangelio del día se narró el encuentro de Jesús con los discípulos que se dirigían a Emaús.

El señor cardenal dijo que Dios siempre va con nosotros en el camino de la vida, incluso en el camino de la pena y de la tristeza, y señaló que podemos encontrarle a través de su Palabra.

Además, añadió el señor Cardenal, Cristo está vivo y verdaderamente presente en la fracción del Pan, en la Eucaristía.

Luego, hizo un llamado a que como cristianos “compartamos el pan material del que muchos hermanos y hermanas necesitan, por eso ante esta situación tan especial que estamos viviendo, da gusto saber que muchos hermanos y hermanas están verdaderamente ocupados en armar una despensa y llevársela a una familia que no tiene qué comer o grupos que se han organizado para llevar el alimento ya cocinado y dispuesto para comerse, a las personas ancianas, enfermas y solas”.

Indicó que hay muchas personas que por la situación actual han perdido sus empleos y “de su trabajo depende que puedan llevar un pan a la boca de sus hijos. Si no tienen el trabajo no tienen el pan, y son muchos los que están en esta condición”.

Dijo que hay católicos que reniegan porque durante este aislamiento no pueden asistir a Misa y no pueden comulgar el cuerpo del Señor, “pero hay muchos hermanos y hermanas que no solo no tienen el cuerpo Eucarístico de Cristo en este momento, sino que no tienen el pan material para calmar el hambre de sus hijos”. Exhortó para que pensemos en ellos y estemos dispuestos a compartir lo poco o lo mucho que tengamos.

Añadió que debemos ser solidarios con quienes están careciendo de forma grave del pan nuestro de cada día. “Que no les falte a nadie de los hijos de Dios y a nadie de nuestros hermanos”.

Dijo que la gracia de Dios no está supeditada a los sacramentos, “también se obtiene por el servicio de la caridad, la atención a los hermanos, se nos ofrece cuando hay una disposición interior, una fe viva y una comprensión de la situación que estamos viviendo”.

Añadió que detrás de este aislamiento no hay intenciones oscuras de quitarnos la fe al quitarnos el culto, pues la fe no radica únicamente en eso.

“Que nuestra fe se haga viva en la presencia real del Señor en la fracción del pan, en la Eucaristía y que nuestro compromiso sea llevar por la caridad y el amor, el pan a nuestros hermanos más necesitados”.

Finalmente señaló que no solo debemos cuidarnos de no enfermarnos o preocuparnos por no morir sino que debemos cuestionarnos para qué queremos vivir, pues debemos renovar nuestra forma de vida para el bien propio y el de los demás, para el servicio a los demás y la unidad de la familia humana.

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