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LA PALABRA DEL DOMINGO

Juan López Vergara

El santo Evangelio, que la madre Iglesia ofrece en la mesa de la Eucaristía en el sexto domingo de Pascua, desarrolla el tema de la comunión de los discípulos con Jesús. Y califica a la comunidad como el círculo de los amigos del Señor, quienes en gozosa unión por la fe, se aman mutuamente (Jn 15, 9-17).

NUESTRA ALEGRÍA NACE DEL ENCUENTRO CON JESÚS RESUCITADO
El evangelista destaca la alegría que Jesús desea comunicar a sus discípulos a través de su Palabra:

“Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena” (vv. 9-11).

Cuando el Señor Resucitado les mostró sus manos y el costado sus discípulos se alegraron de verlo (véase Jn 20, 20). Es el gran gozo mesiánico, el del Hijo de Dios, que colma de sentido la vida. Esta alegría infinita tiene carácter pascual, es consecuencia del encuentro con Jesús Resucitado, siempre presente

EL NUEVO NACIMIENTO EN EL SEÑOR JESÚS
El mandamiento del amor deriva del conocimiento del Señor Jesús: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo os he amado” (v. 12). Los discípulos por su amor mutuo siguen el ejemplo de Jesús. El amor se nos revela así como ‘don’ en la entrega del Señor y como ‘misión’ en el amor que debemos practicar. Este amor de carácter misionero y testimonial, nace de nuestro nuevo nacimiento en el Señor Jesús.

EL SEÑOR JESÚS NOS CONSIDERA SUS AMIGOS
Al mandamiento del amor, Jesús lo esclarece con un ejemplo:

“Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no son siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre” (vv. 13-15).

La muerte de Jesús queda definida como el acto supremo del amor, “los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1).

Gracias a Jesús participamos de la revelación divina. “A Dios nadie le ha visto jamás; el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn 1, 18). El Padre es el origen de todo, “como el Padre me ama, así los amo yo” (v. 9), y a la asistencia del Padre debe la misión sus resultados, “de modo que el Padre les conceda cuanto le piden en mi nombre” (v. 16). En los libros sapienciales se nos revela: “El amigo fiel es un apoyo seguro, quien lo encuentra, ha encontrado un tesoro” (Si 6, 14). El hombre venido de Dios nos considera sus amigos, al constituirnos en sus confidentes, dándonos a conocer todo lo que ha oído del Padre y, justo en ello consiste, nada menos, que la vida eterna (compárese Jn 17, 3).

Muy apreciables lectores, para actualizar el santo Evangelio del día de hoy, sabiéndonos amigos de Jesús Resucitado: el Señor, ingresamos en su ámbito vital, y con su ejemplo nos enseña que la esencia del amor radica en comprometerse con los demás, por lo que nos ordena: “Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros” (v. 17).

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