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La eutanasia nos muestra que hemos fracasado como una sociedad solidaria. Como cristianos debemos ofrecer alternativas de vida digna a los más débiles, los enfermos cercanos a la muerte.

SONIA GABRIELA CEJA RAMÍREZ

Uno de los temores que algunas personas tenemos, es que si por enfermedad o accidente estamos muy graves, nos internen en un hospital público donde probablemente nos van a dejar morir por la alta demanda de camas, o bien, si caemos en un hospital privado, nos van a mantener con vida para seguir cobrando por los procedimientos que se nos realicen.
Esto nos lleva a dos posibles extremos, bien sea que pudiera aplicársenos la eutanasia o, por otra parte, el encarecimiento o ensañamiento terapéutico para mantenernos con vida a través de medios extraordinarios que no nos dejen morir naturalmente.
En medio de estos dos panoramas está la ortotanasia, es decir, una muerte natural y digna que llega cuando tiene que llegar, sin intervención de medios artificiales.
EMPECEMOS CON ALGUNAS DEFINICIONES
“La eutanasia es pedir una muerte suave para personas que tienen una enfermedad en etapa terminal que en poco tiempo llevará a la persona a la muerte.
Algunos piden la legalización de la eutanasia para que las personas que padecen dolores muy graves o tienen que someterse a tratamientos muy agresivos, dejen de sufrir”, así lo explica el Padre Silvio Marinelli Zucalli, sacerdote de la Orden de San Camilo, Fundador y Director del Centro San Camilo para la Humanización.
Por su parte, el Padre Francisco Javier Huerta Orozco, coordinador de la Pastoral de la Salud en Guadalajara y capellán del Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, explica: “La Iglesia nunca va a aceptar la eutanasia, sin embargo, cuando los médicos descartan que haya tratamientos que puedan ayudar a mejorar la salud de las personas, estas pueden decidir suspender el tratamiento y esperar el cauce natural de la enfermedad. Con esto no se le produce la muerte con alguna inyección o con algo que apresure su muerte”.
PONGAMOS UN CASO
Yazmín fue una joven que padeció insuficiencia renal durante poco más de 15 años. Después de pasar una navidad en el hospital, convenció a su familia para que la llevaran a morir en casa.
“Tenía una cirugía que no le cerraba pues su piel ya no permitía que la cosieran; su hígado no servía, ya no le encontraban las venas para transfundirla; su páncreas tampoco estaba bien; sabía que estaba en sus últimos días, médicamente no se podía hacer nada más, y quiso vivirlos en casa rodeada de sus seres queridos.
“Era una joven firme en su fe y con una gran fortaleza. Recibió los Santos Óleos, la Comunión. Vivió los últimos momentos con su familia y con muchísima paz. Terminó ella, consolando y confortando a la familia”, comparte el Padre Huerta.
Y es que todos quisiéramos tener una muerte digna, rodeada de nuestros seres amados y con lo necesario para mitigar el dolor. “No se vale sufrir por sufrir”, asegura el Padre Huerta.
NO ES LO MISMO
Es diferente limitar el esfuerzo terapéutico a pedir la muerte mediante la eutanasia. “La eutanasia es un proceso a través del cual se induce la muerte a la persona”.
“Frente a esta perspectiva, la Iglesia siempre ha pedido que se respeten los ritmos de la naturaleza, esto no significa que no se haga nada, sino que haya servicios adecuados para acompañar a quienes viven la etapa terminal de su vida, mediante los cuidados paliativos, que buscan quitar el dolor físico, aliviar yagas, escaras, dificultades respiratorias, comezón, hipo y una serie de síntomas que hacen la vida muy difícil y que provocan sufrimiento.
“Los cuidados paliativos buscan otorgar una vida digna hasta el fin con una buena higiene, adecuada alimentación y la movilización del paciente. El acompañamiento de tipo psicológico y espiritual. Estos cuidados no quitan la enfermedad, pero ofrecen al paciente y sus familiares el apoyo que necesitan”, explica el Padre Silvio Marinelli.
“Cuando se ofrecen condiciones dignas de vida, las peticiones de eutanasia se reducen. Cuando al enfermo no se le ofrece nada, la persona se siente desamparada, abandonada y prefiere morir”.
EL RETROCESO
En 2009 se publicó el decreto por el que se reforma y adiciona la Ley General de Salud en Materia de Cuidados Paliativos. En 2014 se adiciona el uso de opiáceos para paliar el dolor y en 2019 se reconoce a los cuidados paliativos como un área independiente y como especialidad. Hasta aquí todo bien, sin embargo, la iniciativa que propone reformar el artículo 4to. de la Constitución Política del Estado, que busca garantizar una vida y muerte digna a personas que padecen en etapa terminal y que promueve la eutanasia, es un retroceso. Así lo considera la Médico Paliativista y religiosa Dra. Silvia Susana Lua, Directora y Fundadora de Juntos Contra el Dolor, unidad de cuidados paliativos.
“Aquí intervienen las ideologías de muerte y se deja de dar continuidad en materia paliativa. Ya no hay importancia de inversión.
“Siendo un poco suspicaces podría pensarse que se busca minimizar recursos para quienes están muriendo.
“Debemos reconocer que como cristianos no hemos hecho lo suficiente pues no hemos exigido. Falta implementar más unidades de cuidados paliativos, pues los lugares de asistencia social son contados y en materia pública la atención que se brinda es mínima en relación a la cantidad de enfermos que los necesitan. “Es ahí, en las crisis por la carencia de cuidados paliativos que la gente pide ‘lo que sea’ para dejar de sufrir. Cuando la gente tiene soporte no pide eutanasia”, asegura la Dra. Susana Lua.

Otro factor de riesgo, de aprobarse la eutanasia, es la corrupción que puede propiciar que se cometan homicidios, atendiendo otros intereses. “En países donde la eutanasia está aprobada desde hace mucho, como en Suecia, el que se autorice una eutanasia lleva años; se hace un análisis profundísimo y multifactorial antes de aplicarla”, cosa que no sabemos si ocurra en México.
“Es probable que quienes se encargan de legislar no conozcan los cuidados paliativos y es por eso que consideren la eutanasia como una alternativa para disminuir el sufrimiento”.
MUCHO CAMINO POR RECORRER
El Hospital Civil cuenta con una Clínica, conducida por la Doctora Yuriko Nakashima, Jefa de Cuidados Paliativos y Clínica del Dolor en el Hospital Civil de Guadalajara “Dr. Juan I. Menchaca”. “En esa área hacen que la persona viva e incluso celebre su propia muerte, independientemente de la religión que tenga. Hay una capilla ecuménica donde pueden entrar los pacientes a pasar los últimos momentos de su vida.
Es un espacio adaptado para que haya un recogimiento espiritual e incluso se tiene contacto con sacerdotes católicos y pastores de diversas religiones por si así se requiere. En esa área, se da a los pacientes medicamentos para mitigar el dolor y puede estar la familia. La doctora nos capacita para que estemos acompañando a la persona que va a morir”, refiere el Padre Francisco Huerta, sin embargo reconoció que no todos los hospitales cuentan con espacios similares.
Por su parte el Padre Silvio añade que “la solución no es legalizar la eutanasia sino organizar un buen servicio de cuidados paliativos para toda la población. En México no existen suficientes médicos paliativistas, es una disciplina introducida en el currículum de estudios hace poco tiempo y no siempre es obligatoria.
“Muchas veces son los anestesiólogos los que hacen el control del dolor, hacen un abordaje meramente clínico pero hay que tomar en cuenta que los cuidados paliativos no se reducen a eso; se requiere el acompañamiento espiritual y psicológico; el apoyo de familiares, amigos, voluntariado y esto está previsto por la ley. Este podría ser un campo muy importante de la Iglesia Católica”, asegura.

¿Y SI NOS TOCA?
Es importante que como familia platiquemos de cuáles serían nuestros deseos en caso de una enfermedad terminal.
Es moralmente aceptable que alguien decida no continuar con tratamientos o procedimientos médicos que no lo van a sanar.
“Mientras el enfermo tenga estado de consciencia es él quien debe elegir cuáles tratamientos quiere o no seguir, pero la persona tiene que estar equilibrada mentalmente y decidir, con un buen acompañamiento, dentro de la ley natural; esto implica que no se le van a aplicar sustancias ni medidas extraordinarias que provoquen más rápido la muerte”, explica la Dra. Lua.
“Estas decisiones las debe tomar en primer lugar el paciente o su familia, nunca el equipo médico, ellos pueden sugerir, pero no son los dueños de la vida”.
No sólo los médicos deben formarse en cuidados paliativos, también los sacerdotes deben tener la formación suficiente para saber orientar a los familiares y acompañar a los enfermos.
Es importante reflexionar qué compromiso tenemos como Iglesia de seguir promulgando los cuidados paliativos, formando gente en esta materia y abriendo unidades de cuidados paliativos.
PARA SABER
México tiene un retraso de 10 a 15 años en cuidados paliativos.
Se considera que a nivel nacional, no hay más de 100 unidades que brinden los cuidados paliativos de manera íntegra, lo que deja a la mayor parte de la población sin atención.
Cabe aclarar que los cuidados paliativos no son exclusivos de los pacientes terminales sino para cualquier persona con una enfermedad crónica y/o degenerativa, una enfermedad avanzada, progresiva e incurable que no responda a tratamientos.
SEGÚN LA LEY FEDERAL DE SALUD
Artículo 166 Bis 21. Queda prohibida, la práctica de la eutanasia, entendida como homicidio por piedad así como el suicidio asistido conforme lo señala el Código Penal Federal, bajo el amparo de esta ley. (http://www.calidad.salud.gob.mx/site/calidad/docs/dmp-paliar_00C.pdf)

LA EUTANASIA SEGÚN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
2276 Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.
2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.

Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre (cf. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Iura et bona).
2278 La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el “encarnizamiento terapéutico”. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.

2279 Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos.
El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados.

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