upc4

Jalisco, sólo en diciembre pasado, tuvo un número de 31 mil desempleados.
Así que en estos primeros días del 2024 la mayoría de ellos tienen que apresurarse a buscar trabajo, porque, como dice el libro de los Proverbios, en el Antiguo Testamento de la Biblia, “El que no se anima a trabajar, empobrece”.
Ciertamente, muchos de ellos vienen cargando o arrastrando la pobreza desde hace mucho tiempo. Y cuando han trabajado, no necesariamente ha sido pensando en enriquecerse, ni siquiera procurando ahorrar, sino buscando solucionar las necesidades básicas: comida, vivienda, medicina, ropa…
Autoridades del gobierno, tanto estatal como federal, en muchos momentos del 2023 alardearon que habían conseguido dar empleo a cientos y miles de mexicanos, y pudiera ser que sí, pero una verdad es contundente: miles y miles, en este inicio de año no tienen trabajo, carecen de un empleo.
¿Quiénes se los ofrecerán?, ¿cuánto tiempo tardarán en conseguirlo? Y, mientras tanto, ¿qué harán?
Para la Doctrina Social de la Iglesia, el trabajo significa todo tipo de acción realizada por el hombre, independientemente de sus características o circunstancias; significa toda actividad humana que se puede o se debe reconocer como trabajo entre las múltiples actividades de las que el hombre es capaz y a las que está predispuesto por la naturaleza misma en virtud de su humanidad. Hecho a imagen y semejanza de Dios en el mundo visible y puesto en él para que dominase la Tierra, el hombre está por ello, desde el principio, llamado al trabajo y éste lleva en sí un signo particular del hombre y de la humanidad, el signo de la persona activa en medio de una comunidad de personas; este signo determina su característica interior y constituye en cierto sentido su misma naturaleza.

El catecismo expone que “el trabajo humano procede directamente de personas creadas a imagen de Dios y llamadas a prolongar, unidas y para mutuo beneficio, la obra de la creación dominando la Tierra. El trabajo es, por tanto, un deber: “Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma”, lo expresó el Apóstol Pablo. El trabajo honra los dones del Creador y los talentos recibidos. Puede ser también redentor. Soportando el peso del trabajo, en unión con Jesús, el carpintero de Nazaret y el crucificado del Calvario, el hombre colabora en cierta manera con el Hijo de Dios en su obra redentora. Se muestra como discípulo de Cristo llevando la Cruz cada día, en la actividad que está llamado a realizar. El trabajo puede ser un medio de santificación y de animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo.
El trabajo es una gran bendición porque nos da provisión para vivir y dignifica nuestras vidas. Cuando alguien tiene un trabajo, tiene una ocupación, invierte su tiempo, se relaciona, aprende, se proyecta, gana experiencia y madura.
Y, si bien es cierto que hay desempleo, también hay personas que no desean trabajar y que de conseguir empleo no lo hacen con responsabilidad, con entusiasmo, con el afán de mantenerse por mucho tiempo en el mismo lugar, con las mismas personas que les dieron la oportunidad. Por otra parte, también aquí, muchos empleadores tendrían qué preguntarse si son justos en el pago al trabajo realizado.
Evitar un círculo vicioso es tarea y responsabilidad de todos.

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.