upc4

Juan López Vergara

En el pasaje del santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia ofrece hoy, Jesús nos invita a vivir con franca responsabilidad una de las más difíciles facetas de la caridad cristiana: la corrección fraterna. Y revela que la comunidad es el lugar cristológico por excelencia, convocados a evangelizar, donde el Señor Jesús se hace presente (Mt 18, 15-20).

HACERNOS SERVIDORES DE TODOS PARA GANARLOS A CRISTO
La perícopa evangélica pertenece al discurso mateano sobre la vida en comunidad, que abarca todo el capítulo 18. Le antecede la parábola de la oveja perdida, de la que nuestro texto es una aplicación práctica, donde Jesús concientiza a sus discípulos sobre el compromiso de esforzarse por recuperar al hermano extraviado.
El pecado es una ofensa que crea división en la comunidad, por eso Jesús no prescribe que sea el ofensor quien vaya a pedir perdón, sino al contrario, es el ofendido el que debe tomar la iniciativa, para mostrar que ha perdonado y facilitar la reconciliación.
Esto implica procurar ganar para Cristo al hermano que haya tenido la desgracia de perder el Camino, siguiendo el ejemplo de san Pablo, quien confiesa: “Siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los que más pueda” (I Co 9, 19).

LOS TRES PASOS QUE IMPLICA LA RECONCILIACIÓN
La reconciliación, si es necesario, tendrá que hacerse hasta en tres pasos:
Primero, “si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano” (v. 15). El texto griego habla de “ganar al hermano”: expresión con la que los misioneros describían su alegría por haber atraído a alguien a la fe en Cristo (compárense I Co 9, 19-22; I Pe 3, 1).
Segundo, si el hermano se niega a reconocer su falta, Jesús aconseja: “hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos” (v. 16). Se pretende que otros miembros de la comunidad apoyen y testifiquen la oferta de reconciliación (compárese Dt 19, 15).
Tercero y último, si el ofensor tampoco acepta el arbitraje impidiendo restablecer la unidad, Jesús, entonces, recomienda al discípulo: “díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano” (v. 17).
La reconciliación implica un proceso que se lleva a cabo en tres pasos.

LA EFICACIA DEL ACUERDO SE DEBE A LA PRESENCIA DE JESÚS
Jesús, enseguida, advierte que el rechazo realizado por la comunidad quedará ratificado en el cielo (véase v. 18); y concluye con esta esperanzadora promesa:

“si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí yo estoy en medio de ellos” (vv. 19-20).

No debemos, por tanto, asumir las decisiones a la ligera, sino a partir de la fe, con la confianza de contar con la presencia del Señor Jesús en medio de nuestra comunidad, y pedirle nos enseñe a ser humildes para dejarnos ayudar cuando nos extraviemos.
La eficacia del acuerdo se debe a la presencia de Jesús entre los que apelan a Él.
Muy apreciables lectores, para actualizar el mensaje del santo Evangelio del día de hoy, debemos tomar conciencia que es justo el ofendido quien debe tomar la iniciativa, ya que nunca debemos olvidar, como nos ha enseñado un extraordinario Papa y teólogo: “¡Existimos para evangelizar!” (Benedicto XVI).

@arquimedios_gdl

TE INVITAMOS A FORMAR PARTE DE LOS

Comunicadores Parroquiales

Los cuales promueven la Pastoral de la Comunicación en sus Parroquias

Dirección

"En la Iglesia tenemos urgente necesidad de una comunicación que inflame los corazones, sea bálsamo en las heridas e ilumine el camino de nuestros hermanos y hermanas"

Papa Francisco

Copyright @2023 – Todos los Derechos Reservados.