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Santos Ancianos

PBRO. ADRIÁN RAMOS RUELAS

«No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones» (Salmo 71,9).

Jesús resucitó después de morir a los 33 años. Él sigue vivo, vivirá para siempre. Es Dios. Con la eternidad dejamos de entender la cuestión temporal. Sin embargo, en nuestra vida mortal valoramos el don de la vida y lo celebramos año tras año hasta cumplir con nuestra misión. Muchos santos pudieron disfrutar de una larga vida: llegaron a la ancianidad.
Por ancianidad podemos entender el último período de la vida de una persona, que sigue a la madurez, y en la cual se tiene edad avanzada.
El 26 de julio celebramos la memoria de los santos Joaquín y Ana, padres de María, Madre del Salvador. Ese día festejamos a nuestros ancianos y abuelitos.

El Papa Francisco promueve ya por tercer año consecutivo la Jornada Mundial del Anciano.
Nuestros mayores de la “tercera edad” se merecen nuestra veneración, cariño, respeto y finas atenciones. En ellos vemos un tesoro, un cúmulo de experiencia y sabiduría, firmeza de convicciones y preocupación por transmitir una herencia rica en valores a las nuevas generaciones.
En la exhortación apostólica Amoris Laetitia el Papa y los obispos elogian el papel de los ancianos en la familia (nn. 191-193).
PARA CON NUESTROS ANCIANOS HEMOS DE TENER FINAS ATENCIONES
Acciones de gratitud, de aprecio y de hospitalidad, y hacerlo sentir parte viva de su comunidad.
Hay culturas que, «como consecuencia de un desordenado desarrollo industrial y urbanístico, han llevado y siguen llevando a los ancianos a formas inaceptables de marginación» (San Juan Pablo II).
Las narraciones de los ancianos hacen mucho bien a los niños y a los jóvenes, ya que los conectan con la historia vivida tanto de la familia, como del barrio y del país.
He aquí las edades de algunos de nuestros santos que más años dedicaron al servicio de nuestro Señor:

  • Benito de Nursia, 67 años.
  • Luis Martín, papá de Santa Teresita, 70 años.
  • Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, 73 años
  • Pablo VI, 80 años
  • Juan XXIII, 81 años
  • Juan Pablo II, 84 años
  • Teresa de Calcuta, 87 años
  • John Henry Newman, 89 años
  • Antonio Abad, 105 años.

¿Qué podemos aprender de
nuestros ancianos?

  1. Su experiencia de vida.
    Nos hace mucho bien escucharlos una y otra vez, pues tienen mucho que comunicarnos y nosotros mucho que aprender de ellos. Sus valores, sus creencias, sus costumbres son un patrimonio familiar que podemos conservar.
  2. Su fortaleza y paciencia.
    Viéndose limitados física y psicológicamente, ellos nos enseñan a vivir con humildad y férrea voluntad el arco de la vida cuando ésta nos presenta en la edad madura los primeros achaques y enfermedades propios del paso de los años.
  3. Su enorme confianza en Dios.
    Muchos de nuestros ancianos han vivido su fe de manera arraigada. Las nuevas generaciones hemos de aprender a vivir orgullosos de nuestras raíces y darle importancia y seriedad a nuestra religión y espiritualidad.

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