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Desde el Corazón

QUERIDA LUPITA:
Quisiera compartir mi testimonio de vida. Mi esposo pudo perdonarme y estamos viviendo una vida nueva, aun cuando llegué a pensar que yo ya no merecía felicidad alguna. Fui infiel; yo misma no comprendo cómo pude hacer tanto daño. Lo que nos ha salvado como familia es la presencia de Dios en el corazón de mi marido. El perdón nos da la posibilidad de un mejor futuro.
Inés K

HERMANA MÍA, INÉS:
El perdón nos prepara para un futuro mejor, el resentimiento nos ancla en el pasado y nos roba la felicidad.

El mundo actual favorece la infidelidad. Se pone en duda lo que es el amor cristiano (comprometido, fiel, exclusivo y total) y se juega con la idea de que debemos ser felices compartiendo sensaciones y momentos sin medir consecuencias. Las redes sociales y el excesivo tiempo laboral y social, están robándonos el anhelo de hacer familia y apostar todo en ello. Hemos dejado de soñar con el ideal de vivir unidos en armonía y actuar de acuerdo al plan de Dios. Hoy nos erigimos en dioses que determinan lo que está bien o mal según el antojo o el parecer personal.

Pero la conciencia, aún acallada por el vertiginoso mundo actual, nos hace despertar y caer en cuenta de que algo no va bien con estas “experiencias”.
Lo que salvará al ser humano de su autodestrucción, es la misericordia. El amor incondicional, el que modeló Jesucristo desde la cruz cuando dijo: “Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen”.

Pidamos a nuestro Dios de amor que nos permita amar así. Que sepamos perdonar con toda el alma cuando hemos recibido una traición, que Él entre a nuestro ser y gobierne nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. El perdón es la única llave que abre la puerta de la felicidad. Si veo obsesivamente la ofensa, me quedaré amargado y resentido, cargando con ella el resto de mi vida. Si veo al ser humano, al que falló como podría fallar yo, al que le duele haber lastimado a otros, entonces puedo emprender un camino nuevo, puedo dirigirme hacia el reencuentro que genera la misericordia .

Tenemos un llamado divino: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy el bien y el mal; yo te mando hoy que ames a tu Dios… para que vivas y seas multiplicado” (Dt. 30, 15).

¡Podemos ser felices de camino al Cielo!


Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegasoficial

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